Como lo había esperado Lucius, después de los nueve días de velorio para Regulus, Sirius se había ido. E igual que aquella vez, nadie tenía conocimiento de su posible paradero.
Se había enterado de la desaparición del hombre a través de una carta que recibió de Severus al preguntarle si Sirius estaba en su casa visitando a Draco; pero al enviar su negativa, el pocionista no tuvo otra opción que decirle lo que estaba pasando.
Remus llegó en un estado alterado a la casa Gaunt. Al verlo, Severus le preguntó qué estaba ocurriendo y, después de calmarse, el licántropo le conto que habia ido a visitar a Sirius para saber como estaba, sin embargo, cuando llegó pudo notar que las luces de la casa se hallaban apagadas y al tocar la campana para avisar de su llegada, un elfo doméstico salió a atenderlo y le dijo que su amo no estaba en casa. Le preguntó cuándo podría regresar, pero la criatura bajó la cabeza y jugó nerviosamente con sus largos dedos.
Le insistió por una respuesta, pero el elfo agarró con fuerzas sus orejas, tiró de ellas y mientras se golpeaba la cabeza contra el piso, le reveló que su amo se había ido sin decirle a dónde iría y solo les dio la orden de cuidar la casa hasta su regreso.
Escuchar eso generó demasiado miedo en Remus y vino a que Severus en busca de ayuda, temía que su mejor amigo hiciera alguna locura. El profesor solo pudo enviar dos lechuzas, una a su esposo y otra a Lucius.
Desde ese revuelo había pasado una semana y la búsqueda del antes auror continuaba, sin obtener resultados satisfactorios.
Lucius se dio la vuelta al escuchar el suave lloriqueo de su hijo al despertar de su siesta de la tarde. Se acercó a la cuna, observó cómo Draco se retorcía entre las suaves cobijas hasta que abrió sus hermosos ojos.
Tomó a Draco en brazos y se sentó en la butaca de madera que estaba a un lado del mueble. Aceptó el biberón que, un recién aparecido, Dobby le tendió.
— Cuando crezcas no seas como tu padre o no te relaciones con alguien igual, por favor. — dijo mientras veía a su hijo sorber la leche con calma.
Draco alzó su pequeño brazo en un intento de alcanzar el rostro de su padre, pero solo alcanzó un delgado mechón rubio que había graciosamente caído de su hombro. Sonrió débilmente sin dejar de comer a la vez que movía agitaba el mechón de su mano. Lucius sonrió por lo lindo que se veía su pequeño, y paseó suavemente su pulgar por las suaves ojeras que se pintaban en la nacarada piel de su hijo.
Cuando el contenido del biberón llegó a la mitad, Draco dejó de comer y Lucius soltó un suspiro. Se levantó de su asiento y acomodó a su pequeño sobre su hombro, y prodigando suaves caricias en la espalda del bebé le comenzó a sacar los gases.
Al dar la segunda vuelta por la habitación y después de escuchar los suaves suspiros de su hijo, escuchó dos suaves toques que le hicieron darse la vuelta. Observó con el ceño fruncido al águila posada en su ventana.
Mientras dejaba a su hijo sobre su cama con su peluche de hurón y un hechizo de protección rodeándolo, se acercó a la ventana y con suspicacia abrió la ventana. El ave ingresó a la habitación en un aleteo y voló haciendo un par de círculos cerca del techo hasta que aterrizó en la baranda de la cuna de la cuna.
Draco, al ver al animal, comenzó a gatear para acercarse a él pero el hechizo de protección le impidió que saliera del centro de la cama. El bebé frunció el ceño e hizo un puchero al no poder lograr lo que quería, estaba a punto de llorar.
— No, pequeño amo Draco, es muy peligroso acercarse a la orilla— dijo Dobby con su voz aguda al estar de pie sobre el banco descalzador.
La criatura se había quedado en la habitación en un sepulcral silencio en espera de cualquier orden que le diera su amo, pero después se decantó por cuidar a su pequeño maestro.
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El secreto de Severus Snape
Fiksi PenggemarSeverus Snape. Pocionista . Temido profesor del Colegio de Hogwarts de magia y hechicería . Espía. Mortifago. Padrino. Amigo. Quejicus. Sev. Severus Snape tenía muchos títulos, buenos o malos, eran demasiados para recordarlos. Algunos fueron puestos...
