42

1.5K 120 3
                                        

El despertador sonó, pero Sofía ya estaba despierta desde hacía un rato. No había podido dormir bien, y aunque trató de acomodarse entre las sábanas, su cuerpo la incomodaba. Todo parecía más molesto que de costumbre: el calor bajo las cobijas, el peso de su vientre, los ruidos de la casa. Sentía que cada pequeño detalle estaba empeñado en irritarla.

Antonio, como siempre, se despertó unos minutos después del sonido de la alarma. Se estiró perezosamente y le lanzó una sonrisa adormilada a Sofía, que estaba de espaldas a él.

—Buenos días, amor—murmuró mientras se inclinaba hacia ella para darle un beso en la frente.

Pero Sofía no respondió. Solo dejó escapar un suspiro pesado, como si ese pequeño gesto de Antonio fuese otro motivo de fastidio. Antonio frunció el ceño, sin entender qué pasaba, pero no dijo nada. Se levantó de la cama y se dirigió al baño.

Mientras Antonio se arreglaba, Sofía permanecía acostada, intentando calmar la sensación de irritación que no dejaba de crecer en su interior. Todo le parecía mal, desde el roce de la ropa de cama hasta el sonido del agua corriendo. Sabía que parte de su mal humor venía de las hormonas del embarazo, pero eso no hacía que fuera más fácil soportarlo.

Cuando Antonio salió del baño, ella ya estaba en la cocina, preparando el desayuno. Lo hacía en silencio, con movimientos bruscos, sin molestarse en intentar ocultar su malestar. Antonio lo notó de inmediato. Él había lidiado con los cambios de humor de Sofía antes, pero esta vez se sentía distinto. Había una tensión en el aire que le resultaba difícil ignorar.

Se sentó a la mesa y justo cuando iba a preguntarle cómo estaba, su teléfono comenzó a sonar. Antonio lo miró y vio el nombre de su jefe en la pantalla. Apretó los labios, dudando por un momento si contestar o no. Sabía que probablemente era algo urgente del trabajo, pero no quería aumentar la tensión en casa.

Finalmente, decidió contestar.

—Sí, hola... —dijo en tono serio mientras se levantaba de la mesa para hablar en un rincón de la cocina.

Sofía lo observó desde la estufa, sus ojos destellando con una mezcla de frustración y cansancio. Siempre lo mismo, pensó, sintiendo cómo su irritación aumentaba. El trabajo siempre viene primero.

—No, eso no es lo que acordamos —escuchó que Antonio decía, claramente molesto—. Lo revisamos la semana pasada y estaba todo bien. Ahora tengo que arreglarlo yo... Perfecto.

Sofía dejó caer con fuerza una cuchara sobre la encimera, y Antonio, al escuchar el ruido, la miró de reojo. Pudo ver la molestia en su expresión, pero no podía hacer nada en ese momento. Colgó el teléfono con un suspiro pesado y volvió a la mesa, frotándose el puente de la nariz con los dedos, tratando de liberar la tensión.

—¿Qué pasó ahora? —preguntó Sofía sin mirar a Antonio, revolviendo el contenido de una sartén sin mucha delicadeza.

—Problemas en el trabajo —respondió él con voz tensa—. Algo que dejaron sin hacer y ahora tengo que encargarme yo.

Sofía soltó un bufido. —Claro, siempre tú arreglando las cosas de los demás.

Antonio levantó la vista hacia ella, sorprendido por el tono de su comentario.

—Amor, no es algo que yo haya pedido... —comenzó a decir, pero fue interrumpido.

—Siempre es lo mismo, Antonio —replicó Sofía, dejando de revolver y girándose hacia él con los brazos cruzados—. Nunca tienes tiempo. Siempre hay algo más importante.

Antonio sintió una punzada de frustración en el pecho, pero se contuvo. Sabía que cualquier respuesta impulsiva solo empeoraría las cosas, y lo último que quería era discutir con Sofía, especialmente sabiendo que ella estaba lidiando con tanto.

Close Friends - Junior HDonde viven las historias. Descúbrelo ahora