10. Efectos secundarios

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Jungkook está raro —dijo Jimin, rompiendo el silencio.

—¿Raro en qué sentido? —preguntó Namjoon, levantando la vista hacia Jimin mientras anotaba en su libreta.

Namjoon había notado algo diferente en Jimin desde que regresó de aquel viaje. Durante esos primeros cuatro días, trató de contactarlo para agendar sus sesiones de terapia, pero se enteró de que Jimin había decidido irse de viaje con su esposo. Ahora, después de casi veinte días sin verlo, esa diferencia se hacía más evidente. Había algo en su semblante, en su voz, que lo intrigaba.

Jimin miraba nervioso a su alrededor, consciente de que mentirle a Namjoon sería imposible. Después de todo, él era el único psiquiatra que realmente había logrado ayudarlo.

—Él está... cambiado —murmuró Jimin, finalmente—. Es diferente.

—Pensé que habías decidido divorciarte.

—Sí, eso pensé también, pero... él no me ha pedido el divorcio.

Namjoon frunció el ceño, curioso.

—¿No te lo ha pedido? Creía que habías dicho que estaba involucrado con otra mujer y que eso era lo que más deseaba.

Jimin asintió lentamente, sus mejillas comenzando a sonrojarse.

—Es cierto, pero... desde ese día no hemos vuelto a hablar del tema.

Namjoon ladeó la cabeza, observando con atención.

—¿Desde qué día?

Jimin suspiró profundamente. Después de unos segundos de vacilación, habló con voz temblorosa:

—Desde el día que Jungkook y yo... tuvimos relaciones antes de volver del viaje.

Namjoon lo miró en silencio por un momento antes de esbozar una leve sonrisa comprensiva.

—¿Y por qué te avergüenzas de decirlo? Es tu esposo. Es normal que exista ese tipo de contacto.

Jimin sintió un alivio inmediato al escuchar esas palabras. Había temido ser juzgado.

—Pensé que te reirías de mí —admitió, con los ojos brillantes por las lágrimas que intentaba contener—. Después de todo lo que te he contado... Pensé que dirías que estoy loco por haberlo hecho. Pero sólo quería sentirlo una vez más, sentirme querido. Quise que me tocara como antes, que me besara como solía hacerlo.

Las lágrimas finalmente rodaron por sus mejillas, y Namjoon, con calma, le extendió un pañuelo.

—Jimin, mi deber aquí no es juzgarte —dijo con voz suave—. Estoy aquí para ayudarte a superar tu trastorno, no para decirte si debes divorciarte o no. Mi único objetivo es que mejores, ya sea con Jungkook o sin él.

Jimin apretó el pañuelo entre sus manos, buscando palabras que explicaran la confusión en su mente y corazón.

—Gracias, Namjoon, pero... estoy tan confundido. No entiendo lo que está pasando.

Namjoon lo miró con paciencia, consciente de que Jimin había dado un gran paso al compartir algo tan íntimo. Sabía que el camino hacia la claridad y la paz sería largo, pero también sabía que Jimin era fuerte.

—Sigamos trabajando juntos, Jimin —dijo finalmente—. Vamos a resolver esto, paso a paso.

Jimin asintió, sintiendo una pequeña chispa de esperanza en medio del torbellino de emociones que lo envolvía. Aunque el futuro aún se sentía incierto, sabía que no estaba solo en este proceso.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora