12.-Promesas

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Jungkook siempre había sido un hombre sensible, aunque pocos lo notaran. Mientras muchos veían a Jimin como el más frágil y emocional, la realidad era distinta. Jungkook llevaba su sensibilidad a flor de piel, al punto de llorar cuando las situaciones lo superaban. Así ocurrió cuando su padre falleció. El dolor lo consumió, y en medio de la desesperación, encontró refugio en Jimin. En ese entonces, no eran más que amigos que se habían conocido hacía unas semanas, pero Jimin no dudó en acudir a él, ofreciéndole el consuelo que tanto necesitaba.

Sin embargo, no todo era armonía entre ellos. Había algo que a Jungkook le resultaba insoportable: la manera en que Jimin buscaba constantemente la compañía de Seokjin. No era que desconfiara de su amistad; Jin también era parte de su círculo cercano. Pero ver a Jimin correr hacia él, como un pollito tras su madre, le producía una molestia que no podía explicar. Lo odiaba, aunque no entendía por qué. Fue solo tiempo después, cuando Jungkook comenzó a comprender sus propios sentimientos, que todo cobró sentido.

Esos sentimientos se intensificaron el día en que su relación dio un giro inesperado. La primera vez que Jungkook y Jimin estuvieron juntos, fue como si una compuerta se abriera dentro de él. Nunca antes había estado con un hombre, y aunque todo fue torpe al principio, la pasión los envolvió por completo. Ese momento marcó un antes y un después en su relación, transformándola en algo más real, más tangible. La necesidad de tocarse y sentirse se volvió una constante en sus vidas. Las peleas, las tardes, las noches... todo terminaba en sexo.

Jungkook siempre había sido más de contacto físico. Para él, ese era el lenguaje del cariño, la forma más auténtica de demostrar lo que sentía. Jimin, en cambio, se expresaba a través de palabras y gestos sutiles. Pero no podía negar la química que surgía cada vez que Jungkook lo acariciaba. Era esa conexión, esa atracción irrefrenable, lo que los había unido desde el principio. Sin embargo, con el tiempo, esa misma intensidad comenzó a jugar en su contra. Los celos, la dependencia de Jimin, la distancia que a veces se interponía entre ellos... todo se mezcló, complicando lo que alguna vez fue sencillo.

El sexo siempre había sido un pilar en su relación, y quizás por eso se encontraban en ese momento en la sala de su casa. No supieron quién se movió primero, pero de pronto estaban ahí: Jungkook sentado en el sillón, con Jimin encima de él desnudo. Jungkook ni siquiera se había desvestido por completo, y eso, de alguna manera, lo hacía aún más excitante para ambos. Jimin, con los ojos cerrados, se dejaba llevar por las sensaciones de placer, mientras Jungkook besaba su cuello pálido y su pecho, sintiéndose al borde del éxtasis.

Un gemido escapó de los labios de Jimin, seguido de otro de Jungkook, quien, aferrándose a sus caderas, lo ayudó a moverse más rápido. En un grito ahogado, ambos llegaron al clímax casi al mismo tiempo. Jimin cayó sobre él, respirando con dificultad, mientras Jungkook, igual de agitado, trazaba caricias suaves por su espalda, como si quisiera prolongar ese momento de conexión.

Jimin hubiera podido pensar que lo que ocurría entre ellos era meramente sexual, pero eran precisamente estas pequeñas cosas las que lo hacían dudar. Jungkook no se limitaba a lo físico; después, siempre había algo más. Como ahora, cuando comenzó a acariciarlo lentamente, besando su hombro con una ternura que desarmaba a Jimin por completo.

—¿Qué haces, Jungkook? —preguntó Jimin, entre sorprendido y risueño, mientras Jungkook lo levantaba en brazos, como si fuera una novia, y lo llevaba hacia el cuarto.

—Tenemos que bañarnos. Es mejor hacerlo juntos —dijo Jungkook con una sonrisa pícara, pero también con un dejo de dulzura que Jimin no podía ignorar.

Y así fue. Bajo el agua tibia, Jungkook lo besó mientras le aplicaba shampoo en el cabello, enjuagándolo con cuidado, como si cada gesto fuera una declaración silenciosa. Después de secarse y ponerse el pijama, se acomodaron en la cama. Jungkook se dedicó a besar a Jimin despacio, lleno de cariño, mientras Jimin se dejaba llevar, permitiéndose disfrutar de esas muestras de afecto que, aunque lo confundían, también lo hacían sentir querido.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora