El ambiente de la cafetería era cálido, pero la tensión entre ellos era palpable. Jimin jugueteaba con su taza de café, evitando el contacto visual, mientras la doctora Kim lo observaba con una mezcla de preocupación y curiosidad.
—Te ves mejor de lo que esperaba —comentó ella, rompiendo el silencio—. Cuando me enteré de todo, pensé que te encontraría mucho peor.
Jimin alzó la vista por un momento, sus ojos reflejaban cansancio, pero también una extraña calma.
—No te hagas ilusiones —dijo Jimin, tomando un sorbo de su café con una calma que no reflejaba lo que había vivido—. Hace una semana estaba hecho un desastre, pero ahora... ahora estoy mejor.
Y era verdad. Jimin lo había pasado mal. Muy mal. Cinco días enteros acostado, sin fuerzas para comer, sin ganas de dormir. El dolor lo carcomía por dentro, como un monstruo que no daba tregua. Cuando Tae lo encontró en aquel parque, lo que vio lo dejó helado: un Jimin destrozado, perdido, con los ojos hinchados de tanto llorar. Había llorado hasta quedarse sin lágrimas, hasta que su cuerpo ya no pudo más.
Tae lo llevó a casa, lo ayudó a bañarse, a cambiarse de ropa, a hacer todo lo que Jimin no podía hacer por sí mismo. Y cuando finalmente se acostó en la cama, Jimin tomó tres pastillas de su medicamento. Sabía que Namjoon le había dicho que dejara de tomarlas, que no eran la solución, pero en ese momento no le importó. El efecto fue casi instantáneo: el dolor disminuyó, pero no desapareció. Solo se volvió más silencioso, más sutil, pero igual de presente.
El cansancio mental y físico lo mantuvieron encerrado en su habitación durante días. No tenía fuerzas para levantarse, para enfrentar el mundo exterior. Fue solo hace unos días, cuando Tae insistió en que saliera de casa, que Jimin finalmente cedió.
La doctora Kim inclinó la cabeza, estudiándolo.
—¿Quieres hablar de ello?
Jimin soltó una risa breve, casi sarcástica.
—No te llamé como mi psicóloga, te llamé como mi amiga. Tae me mira con lástima, y estoy harto de que todos me miren así.
Ella asintió, pero no pudo evitar mencionar lo que sabía.
—Namjoon me llamó. Dice que no has ido a tus terapias.
Jimin rio, pero esta vez su risa sonó amarga.
—¿En serio crees que, después de todo esto, quiero ir a terapia?
La doctora Kim suspiró y cambió de tema, intentando acercarse con cuidado.
—¿Dónde estás viviendo ahora?
Jimin la miró fijamente, desconfiado.
—¿Se lo vas a decir a Jungkook?
—No, no lo haré —respondió ella rápidamente—. Aunque él me ha estado buscando, preguntándome por ti. Jimin, él... no está bien.
—No quiero saber nada de él —cortó Jimin, con firmeza—. Por favor, no menciones su nombre.
La doctora Kim lo observó detenidamente. Jimin parecía distante, frío, como si hubiera construido un muro a su alrededor. No era el mismo que había visto hace unas semanas, cuando Jungkook le contó que estaban intentando darle una oportunidad a su relación. En ese momento, ella había sentido alegría por ellos, pero después de enterarse de lo ocurrido, esperaba encontrar a Jimin destrozado. Sin embargo, este Jimin la sorprendía. No lo entendía del todo. Sabía que sus palabras podrían ser determinantes: podrían enterrar aún más su relación con Jungkook o, tal vez, salvarla. Rogaba por que fuera lo segundo.
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TERAPIA DE CHOQUE
Fan-FictionDonde Jungkook quiere divorciarse de Jimin como sea cansado de su codepencia sin saber que después de lograr su objetivo el costo seria muy alto . Jungkook desearía nunca haber sometido a Jimin a la Terapia de choque.
