21.- Errores

1.6K 172 33
                                        

Jimin estaba allí, bajo la luz tenue de una lámpara, riendo con esa facilidad que Jungkook no había visto en años

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Jimin estaba allí, bajo la luz tenue de una lámpara, riendo con esa facilidad que Jungkook no había visto en años. Su cabello caía en mechones perfectos sobre su frente, sus ojos brillaban con una chispa que alguna vez había sido solo para él. Pero no estaba solo. Un hombre alto, de sonrisa confiada y gestos posesivos, tenía una mano en la cintura de Jimin, sus cuerpos demasiado cerca. El mundo de Jungkook se detuvo, el vaso en su mano temblando mientras el aire se volvía espeso, difícil de respirar.

Intentó apartar la mirada, pero sus ojos lo traicionaban, volviendo una y otra vez a Jimin. Cada risa, cada roce, era un puñal en su pecho. Jimin parecía más suelto de lo habitual, sus mejillas sonrojadas por el alcohol, sus movimientos menos precisos, como si el soju hubiera derribado sus barreras. Jungkook, con el corazón latiendo con fuerza, tomó otro trago, tratando de ahogar el dolor que crecía en su interior.

La tensión en la sala cambió de repente. El hombre con Jimin alzó la voz, discutiendo con otro invitado por algo trivial: un comentario sarcástico sobre un equipo de fútbol, una bebida derramada por accidente. Las palabras se volvieron afiladas, las miradas hostiles.

—¡Cuidado, imbécil! —espetó el hombre, empujando al otro invitado con brusquedad. El vaso del desconocido cayó al suelo, rompiéndose en pedazos que reflejaron la luz como fragmentos del corazón roto de Jungkook.

Jimin, visiblemente incómodo, intentó intervenir, poniendo una mano en el brazo de su acompañante. —Para, Dong-hyun, no es para tanto —dijo, su voz arrastrada por el alcohol, pero firme.

Dong-hyun lo ignoró, dando un paso hacia el otro hombre, el rostro rojo de ira. —¿Quieres que te enseñe modales? —gruñó, levantando un puño.

La sala se llenó de murmullos, los invitados retrocediendo. Soo-jin apareció rápidamente, con una autoridad tranquila pero innegociable. —Basta —dijo, señalando la puerta—. Dong-hyun, fuera. No queremos problemas aquí.

El hombre soltó un bufido, mirando a Jimin como si esperara que lo defendiera. Pero Jimin solo bajó la mirada, sus manos temblando ligeramente. Con un gesto de desprecio, Dong-hyun tomó su chaqueta y salió, dejando un silencio pesado en la sala. Jimin se quedó allí, solo, tambaleándose un poco, el rostro una mezcla de vergüenza y frustración.

Jungkook no pudo contenerse. Sus pies se movieron antes de que su mente pudiera detenerlos, acercándose a Jimin con el corazón en la garganta.

—Jimin —dijo, su voz baja, cargada de una preocupación que no podía ocultar—. ¿Estás bien?

Jimin levantó la vista, sus ojos vidriosos por el alcohol y algo más: una vulnerabilidad que Jungkook no veía desde hace mucho. —¿Jungkook? —murmuró, frunciendo el ceño, como si no estuviera seguro de estar soñando—. ¿Qué... qué haces aquí?

—Vine por mi prima —respondió Jungkook, señalando vagamente hacia Soo-jin, que observaba desde la distancia—. Ese tipo... no parecía bueno para ti.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora