17.- Verdades que duelen

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Taehyung observaba al chico frente a él arreglarse frente al espejo

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Taehyung observaba al chico frente a él arreglarse frente al espejo. Hacía años que no lo veía esforzarse tanto por su apariencia. Su amigo,  fue siempre tímido, casi nunca había tenido la oportunidad de salir a bailes o fiestas. Pero cuando surgía la ocasión, se esforzaba por verse bien, como si aquel momento fuera único. Taehyung suspiró, preguntándose si las cosas habrían sido diferentes si lo hubiera sacado más a divertirse en el pasado. Quizás, si lo hubiera hecho, no estarían en esta situación ahora.

—Estoy listo —dijo Jimin, ajustándose la chaqueta con un movimiento rápido y decidido. Su voz sonó firme, pero sus ojos delataban una tormenta interna.

Taehyung, sentado en el borde de la cama, lo miró con preocupación. —Jimin, ¿estás seguro de que quieres salir? Oye, si no te sientes preparado, no hay problema en quedarte en casa. No tienes nada que demostrar, ¿sabes?

Jimin se detuvo, sus dedos temblaron levemente antes de cerrarse en puños, como si intentara contener la ira y el dolor que lo consumían por dentro. —Sí, quiero hacerlo —respondió, con una voz que intentaba ser fuerte, pero que se quebraba en los bordes, como un cristal a punto de romperse—. No voy a quedarme aquí, Tae. No voy a darles el gusto de verme derrumbado.

Taehyung lo miró con preocupación, sus ojos oscuros reflejando la lucha interna que ambos compartían. —Jimin, hace un momento me llamó Yoongi —comenzó a decir, con cautela, como si cada palabra fuera una bomba a punto de explotar—. Me comentó que Jungkook está muy mal. Que no come, que no duerme, que...

—¡Basta, Tae! —Jimin lo interrumpió, alzando la voz más de lo que había planeado. Su respiración se agitó, y por un momento, pareció que iba a perder el control. Pero se contuvo, apretando los puños con más fuerza, como si eso lo ayudara a mantenerse firme—. Respeto que Jungkook también sea tu amigo, lo respeto. Pero, ¿y yo? —su voz se quebró, y esta vez no pudo evitarlo—. ¿Dónde estaban todos cuando él se quejaba de que no quería seguir casado conmigo? ¿Dónde estaban cuando les contaba de sus aventuras, de sus escapadas? —Jimin miró a Taehyung directamente, sus ojos brillantes de rabia y dolor—. ¿Por qué nadie dijo "pobrecito Jimin"? Nadie. Ahora todos vienen a abogar por él, a pedirme que lo perdone, que lo entienda. ¿Y qué hay de mí, Tae? ¿Qué hay de mi dolor?

Taehyung se quedó en silencio, las palabras de Jimin golpeándolo como un puñetazo en el pecho. Quiso decir algo, pero no encontró las palabras adecuadas. Jimin tenía razón, y lo sabía. Todos habían estado tan ocupados preocupándose por Jungkook que se habían olvidado de Jimin, de su sufrimiento, de su lucha silenciosa.

—Jimin... —comenzó a decir Taehyung, pero Jimin lo detuvo con un gesto de la mano.

—No, Tae. No quiero oír más. No quiero que me digan lo mal que está él, lo mucho que sufre. Yo también sufrí. Yo también lloré. Y nadie estuvo ahí para mí —Jimin bajó la mirada, sus hombros cayendo bajo el peso de sus propias palabras—. Ahora déjame ir.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora