22.Tocando fondo

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Una luz tenue se filtró por la ventana, deslizándose por la piel de Jimin como un roce innecesariamente amable

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Una luz tenue se filtró por la ventana, deslizándose por la piel de Jimin como un roce innecesariamente amable. Le acarició los párpados cerrados, llenándole los ojos de un brillo cálido que lo envolvió por un instante. Por un instante. Se sintió... a salvo. Como si estuviera en casa. Como si aún existiera un lugar donde la calidez no fuera un espejismo.

Hacía tanto que no sentía eso, que se atrevió a cerrar los ojos de nuevo, queriendo atraparlo, sostenerlo. Pero entre sueños, un brazo lo rodeó con fuerza, atrapándolo por la cintura con una intimidad que lo congeló.

Abrió los ojos. El latido de su pecho se volvió un trueno.

Una mano tatuada descansaba sobre su piel desnuda.
Y entonces lo recordó todo.

El caos de la noche anterior lo atravesó de golpe: risas, copas que se llenaban solas, miradas que no debieron durar tanto, y luego... ellos. Juntos. En su apartamento. Desnudos.
Jungkook.

Su cuerpo se tensó. Las imágenes lo apuñalaron sin piedad: la lengua de Jungkook en su cuello, sus dedos deslizándose por su piel, sus susurros... todo lo que no debió pasar.

Intentó salir de la cama con el corazón desbocado, pero el brazo se aferró a él con más fuerza, como si lo conociera, como si supiera exactamente cómo detenerlo. Cerró los ojos con fuerza, intentando ignorar el temblor en sus manos. Jungkook se movió. Un beso suave rozó su hombro.

Y Jimin quiso desaparecer.

Escuchó los pasos de Jungkook alejarse hacia el baño. Solo cuando la ducha empezó a sonar, se permitió respirar.
Abrió los ojos.

—Mierda —susurró, sentándose bruscamente.

Un pinchazo de dolor en la espalda baja lo hizo morderse el labio. Se llevó las manos al cabello y tiró con rabia.

—¿Qué carajo hice?

Las lágrimas pugnaban por salir, pero no. No iba a llorar. No otra vez.
Aun así, los recuerdos lo azotaban: la forma en que lo miró, el calor entre sus cuerpos, cómo se rindió a algo que había prometido enterrar.

Temblando, se arrastró hasta la ducha. El agua caliente no lo consoló.
Era tarde. Demasiado tarde.

—Fue una debilidad, nada más —murmuró, pero su voz sonaba a mentira.

—No, no, no —repitió, más fuerte, jalándose el cabello—. ¡Jimin, no! Lo odias. ¡Lo odias!
Te rompió. Te cambió. Te dejó solo. ¡No te ama!

Se golpeó el pecho con el puño. Una. Dos veces. Queriendo sacar de raíz lo que sentía.
Salió de la ducha, entumecido. Se envolvió en una bata y tomó el frasco de pastillas sobre el lavabo. Sin pensarlo, tragó seis.

Solo quería silencio.

Cuando regresó a la habitación, Jungkook ya no estaba. El ruido de la cafetera llegaba desde la cocina. Lo encontró allí, con ese aire de domingo por la mañana, como si no acabaran de destruirse mutuamente unas horas antes.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora