Donde Jungkook quiere divorciarse de Jimin como sea cansado de su codepencia sin saber que después de lograr su objetivo el costo seria muy alto . Jungkook desearía nunca haber sometido a Jimin a la Terapia de choque.
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Era un lunes por la noche cuando la señora Jeon llegó al apartamento de su hijo. Al abrir la puerta, se encontró con una escena que la dejó sin aliento. La habitación estaba sumida en el caos: ropa tirada por todas partes, platos sucios apilados en la mesa, y botellas de licor vacías esparcidas por el suelo. El aire olía a encierro y desidia. Pero lo que más la impactó fue ver a Jungkook. Estaba sentado en el sofá, hundido, con la mirada perdida en algún punto del vacío. Su rostro, antes lleno de vitalidad, ahora estaba demacrado, sus mejillas hundidas y sus ojos rodeados de sombras oscuras. Parecía enfermo, como si llevara semanas sin cuidarse.
—Perdón que no te invite a quedarte, mamá —murmuró Jungkook sin mirarla, su voz ronca y apagada—. Como ves, la casa no está en su mejor momento.
La señora Jeon lo observó con una mezcla de preocupación y frustración. No podía creer lo que veía. Había esperado que, después de las semanas que habían pasado desde ese momento, su hijo estaría mejor, que habría superado todo aquello. Pero, en cambio, parecía estar peor que nunca.
—Te ves terrible, Jungkook —dijo, conteniendo el temblor en su voz—. Pensé que... bueno, pensé que ya te estarías sintiendo mejor.
—Sí, estoy mejor —respondió él mecánicamente, como si repitiera una frase aprendida de memoria. Pero sus ojos decían lo contrario.
Ella suspiró, intentando mantener la calma. Sabía que tenía que abordar el tema, aunque fuera doloroso.
—¿Han firmado los papeles del divorcio? —preguntó con cautela.
—No —respondió Jungkook, secamente.
—¿Por qué no? ¿Acaso Jimin no lo ha hecho? Si es así, puedo hablar con él, asegurarme de que...
—Mamá —la interrumpió él, levantando la mirada por primera vez—. Basta. Si el divorcio no está finalizado, es porque yo no he firmado.
—¿Por qué no lo has hecho, Jungkook? —insistió ella, su voz subiendo de tono—. ¿Qué te pasa? ¿No entiendes que esto es lo mejor para ti?
—¡Porque no puedo! —gritó él, levantándose de golpe. Su cuerpo temblaba, y sus puños se apretaban con fuerza—. ¡Porque no tienes ni idea de lo que siento, madre!
—¡No me hables así! —replicó ella, intentando mantener la firmeza—. ¡No te entiendo, Jungkook! ¡Eres un hombre! ¿Qué te ha hecho ese muchacho para que te comportes así? ¡Esto no es normal! ¡El amor entre dos hombres no es natural, es... es una aberración!
Jungkook la miró fijamente, y en sus ojos había una mezcla de dolor y rabia que la hizo retroceder.
—¿Por qué lo hiciste, mamá? —preguntó, su voz temblando—. ¿Por qué?¿Me drogaste mama?
Ella se quedó en silencio por un momento, pero luego respondió con frialdad:
—Sí, lo hice. Y lo hice por tu bien. Ya habías tomado una decisión, Jungkook. Habías aceptado el divorcio, y de repente cambiaste de opinión. Ese hombre te estaba manipulando, te estaba alejando de lo que realmente necesitas. Yo solo quería ayudarte.