14.- Viviendo una ilusión

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Esa mañana había sido particularmente buena para Jungkook. Despertó con Jimin a su lado, como solía hacerlo desde que decidieron reavivar su relación. La luz del amanecer se filtraba por las cortinas, iluminando el rostro de Jimin, que aún dormía plácidamente. Jungkook no pudo evitar sonreír. Después de tantos altibajos, finalmente sentía que todo estaba en su lugar.

Se acercó a Jimin y lo despertó con un suave beso en la frente. Jimin entreabrió los ojos, sonriendo al ver a Jungkook tan cerca.

—Buenos días —murmuró Jimin, su voz aún cargada de sueño.

—Buenos días, amor —respondió Jungkook, acariciando su mejilla—. ¿Listo para empezar el día?

Jimin asintió, y juntos se dirigieron al baño.

El agua caía en un suave murmullo, deslizándose por los cuerpos entrelazados de Jungkook y Jimin. Jungkook, con los labios húmedos, dejó un rastro de besos lentos y apasionados sobre el hombro pálido de Jimin, mientras sus manos firmes sostenían su cadera con delicadeza y firmeza al mismo tiempo. Jimin, inclinado hacia adelante, apoyaba las palmas de sus manos contra la fría superficie de la puerta de vidrio, empañada por el vapor del agua caliente. Cada movimiento de Jungkook era meticuloso, sincronizado con los gemidos suaves que escapaban de los labios de Jimin, creando una melodía íntima que solo ellos podían escuchar.

—Oh, Dios... me encantas, Jimin —murmuró Jungkook entre jadeos, su voz ronca y cargada de deseo—. Eres todo para mí.

Jimin, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada, apenas podía articular palabras.

—Jungkook... —susurró, su voz temblorosa, mientras sentía cómo el placer lo envolvía por completo.

El ritmo de Jungkook se intensificó, moviéndose con una urgencia que solo Jimin podía despertar en él. El sonido del agua mezclado con sus gemidos llenaba el espacio, creando una atmósfera electrizante. Finalmente, con un grito ahogado de Jimin y un gemido profundo de Jungkook, ambos alcanzaron el clímax, dejándose llevar por la ola de placer que los unía aún más.

Lentamente, Jungkook giró a Jimin hacia él, sus miradas se encontraron en un instante cargado de emociones. El agua caliente seguía cayendo sobre ellos, envolviéndolos en una burbuja de calor y complicidad. Se abrazaron con fuerza, riendo entre besos tiernos y apasionados que parecían no tener fin. Era uno de esos momentos que Jungkook atesoraba profundamente, donde el mundo exterior se desvanecía y solo existían ellos dos, conectados de una manera que iba más allá de lo físico.

Después de vestirse, Jungkook acompañó a Jimin a su academia de baile. Antes de despedirse, Jimin le dio un beso rápido pero lleno de cariño.

—Te veo más tarde —dijo Jimin, sonriendo.

—Te veo más tarde —repitió Jungkook, sintiendo cómo su corazón se llenaba de felicidad.

Al llegar a su despacho, Jungkook no podía ocultar su buen humor. Caminaba con una sonrisa tonta en el rostro, saludando a todos los que se cruzaban en su camino. Fue entonces cuando Yoongi, su amigo y socio, lo notó.

—¿Qué te pasa, Jungkook? —preguntó Yoongi, acercándose con una ceja levantada y una sonrisa traviesa—. Pareces que te ganaste la lotería.

Jungkook rio, acomodándose en su silla.

—Podría decirse que sí —respondió, jugueteando con un bolígrafo—. Jimin y yo... estamos mejor que nunca. De hecho, estoy planeando una segunda luna de miel. Quiero llevarlo a algún lugar especial, solo nosotros dos.

Yoongi sonrió, genuinamente contento por su amigo.

—Me alegra escuchar eso. Ustedes se merecen ser felices.

TERAPIA DE CHOQUEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora