Con mi familia NO

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Dulce

El aire estaba pesado, lleno de humedad y miedo. Los niños temblaban en un rincón de la cabaña abandonada, apretados contra la pared de madera podrida. Yo, con las muñecas doloridas por las cuerdas que me ataban, no apartaba la vista del hombre que caminaba frente a mí. Sus ojos eran fríos, calculadores, y su sonrisa torcida dejaba entrever intenciones oscuras que prefería no imaginar.

-Nadie va a venir por ti, muñeca -dijo Dereck, acercándose a mí. Su aliento olía a licor barato mientras pasaba un dedo por mi mejilla-. Y esos mocosos... bueno, no los necesito vivos mucho tiempo más.

Dulce apretó los dientes. Su mente buscaba desesperadamente una salida. Había jurado proteger a sus hijos, y aunque el cansancio y el dolor la agotaban, no iba a rendirse. Todavía no.

Escupió en su cara. El golpe que recibió a cambio le giró la cabeza, y el sabor a sangre llenó su boca. Pero no se quebró. Sus ojos seguían desafiándolo. No iba a dejar que les pusiera una mano encima a sus pequeños.
De pronto, un estruendo rompió el silencio. La puerta de madera se hizo pedazos con el impacto de una bota, y Christopher entró como una furia. Su rostro estaba endurecido por la rabia, el sudor le corría por la frente, y la pistola en su mano derecha brillaba bajo la tenue luz.

Sin pensarlo, levantó a Dereck por el cuello y lo estampó contra la pared. El hombre intentó resistirse, pero Christopher no le dio tregua. Lo golpeó una y otra vez, el sonido de los puños contra la carne resonando en la cabaña, hasta que Dereck quedó inmóvil, con el rostro destrozado.

-¡Mátalo, Chris! -gritó Dulce, con la voz ronca pero decidida.
Christopher cortó las cuerdas con una navaja y la liberó en un instante. Dulce se levantó, tambaleándose, y corrió hacia sus hijos, abrazándolos con fuerza mientras él seguía enfrentándose a Dereck. Los puños volaban, el metal golpeaba el suelo, y el aire se llenaba de gruñidos y maldiciones. Finalmente, un golpe en la mandíbula lo dejó tendido en el suelo áspero.

Pero para Christopher, eso no era suficiente. Afuera, sus hermanos habían llegado como refuerzos, y ahora Dereck estaba atado a un árbol. Christopher se acercó, con una mirada oscura como la noche.

-¿Crees que puedes tocarlos y salirte con la tuya? -dijo, con voz baja y peligrosa-. No mereces respirar el mismo aire que ellos, maldito. Te voy a hacer suplicar por tu vida.
Sin esperar respuesta, le dio un puñetazo en el estómago que lo hizo doblarse, luego lo levantó por el cuello y le rompió la nariz de un golpe. La sangre corría libremente. Después, lo arrojó a los pies de los hombres que lo vigilaban.

-Que no muera rápido -ordenó Christopher-. Que sienta cada segundo lo que significa lastimar a mi familia. Se acercó de nuevo, amenazante.

-Te voy a mostrar el infierno y luego te mandaré como regalo a tu familia, por justicia para mi hermanita. No habrá lugar en la tierra donde tú o tus asquerosos hermanos se puedan esconder.

-Hermano, es hora de ir a casa -dijo Alfonso-. Tu mujer y tus hijos están cansados, y Madre con Nana los esperan con ansias.

-Chris, escucha a Alfonso -agregó otro de los hermanos-. Vete, nosotros nos encargamos de este miserable. Te juramos que no quedará nada de él.

-Por nuestra hermanita -dijeron al unísono Alfonso y Christopher.

Dulce observaba en silencio, abrazando a sus hijos con más fuerza. A su alrededor, los pequeños lloraban y reían al mismo tiempo. La luz de la luna iluminaba sus rostros, y por primera vez en días, sintió que podía respirar.

-Mami, oi ichite... nos salvashe -susurró Luna, escondiendo la cara en su pecho.

-No, pequeña, Papi nos salvó -respondió ella, mirando a Christopher.

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⏰ Última actualización: Apr 07, 2025 ⏰

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