C.E 01

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En la mansión, todo marchaba con una serenidad que parecía casi irreal. Los árboles, altos y robustos, flanqueaban el sendero de entrada, sus hojas susurrando suavemente al compás de una brisa cálida y apacible. El viento, leve y acariciante, parecía transportar secretos de tiempos antiguos, como si la naturaleza misma quisiera compartir historias olvidadas. Era un día de calma absoluta, y cada rincón de la mansión resonaba con la misma tranquilidad armoniosa.

Habían transcurrido meses desde la última alteración, y la paz se había convertido en una constante casi tangible.

Taehyung descendía las escaleras con una lentitud deliberada, sus movimientos cargados de un cuidado meticuloso. Cada escalón se convertía en un pequeño desafío, pero su semblante reflejaba más resignación que incomodidad. Una mano se aferraba al pasamanos con firmeza, mientras que la otra descansaba protectora sobre su abultado vientre de ocho meses, que parecía ser una pequeña mansión en sí misma. Los Di'varti, al parecer, compartían una peculiar afinidad por lo grandioso y espacioso.

Con la mirada fija en sus pies, Taehyung avanzaba con cautela, consciente de que un paso en falso podía complicar su ya limitada movilidad.

—Algún día llegaré al final —murmuró para sí mismo con un suspiro, su tono una mezcla de cansancio y humor resignado.

Desde el pasillo, Heedo, notó el esfuerzo evidente en cada movimiento de Taehyung. Su preocupación fue inmediata, y avanzó hacia él con paso decidido.

—¡Oh, Harat! Buenos días —saludó Heedo, inclinándose ligeramente—. ¿Qué hace fuera de la cama? ¿Necesita ayuda?

Taehyung levantó la mirada momentáneamente, regalándole una sonrisa tenue antes de volver a enfocarse en su laboriosa tarea.

—Buenos días, Heedo. No te preocupes, estoy bien —respondió con voz tranquila mientras continuaba su descenso—. El doctor me recomendó caminar más, aunque si fuera por mí, me pasaría todo el día en la cama sin pensarlo dos veces.

Heedo frunció ligeramente el ceño.

—¿Está seguro de que no necesita ayuda? Podría...

—No, no, está bien. Debo hacerlo solo —respondió Taehyung con una pequeña risa que apenas escondía su cansancio—. Algún día llegaré al final de estas interminables escaleras. Por cierto, ¿dónde está Mattia?

—Salió temprano esta mañana, Harat, para acompañar a su madre a una consulta médica. Comentó que usted lo había autorizado.

—Ah, sí, claro... —respondió Taehyung, su tono indicaba que el detalle había escapado momentáneamente de su memoria—. Lo había olvidado por un segundo.

—Pero no debe tardar en regresar. Quizás esté de vuelta en poco tiempo. ¿Necesita algo, Harat?

Taehyung negó con la cabeza suavemente, alcanzando finalmente el último escalón.

—No, Heedo, gracias. Solo iré a la cocina por unas ciruelas. Continúa con tus labores.

Heedo reverenció otra vez.

—Como desee, Harat. Si necesita algo, no dude en llamarme.

Esperó a que Taehyung pisara con firmeza el suelo del vestíbulo antes de retirarse. Taehyung, por su parte, dejó escapar un suspiro de alivio al alcanzar su meta.

—¡Al fin! —exclamó, más para sí mismo que para nadie en particular—. Creo que esto es un mayor logro que mi carrera universitaria.

Con una sonrisa irónica aún en el rostro y una mano descansando sobre su abultado vientre, Taehyung avanzó lentamente hacia la cocina, disfrutando del breve triunfo de haber conquistado las interminables escaleras. Cada paso resonaba en el pasillo, como un eco pausado que acompañaba su andar sereno.

Cautivo | Kookv (omegaverse)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora