Dos días después
Las voces inundaron la cocina con una alegría cálida y despreocupada. Se escuchaban risas, aplausos, el canto entonado —aunque no siempre afinado— de un "cumpleaños feliz" que resonaba entre las paredes de mármol y los ventanales que daban al jardín. La cocina, amplia y luminosa, estaba más viva que de costumbre.
La señora Chiara, con las mejillas sonrojadas y las manos en el pecho, recibía el cariño de los empleados con ojos brillantes. Frente a ella, un pastel decorado con flores de azúcar esperaba ser cortado.
Max entró al espacio con paso silencioso. Como un espectador ajeno, sus ojos barrieron la sala hasta detenerse en él.
Mattia.
Estaba de pie junto a la señora Chiara, su sonrisa tan ancha que iluminaba el lugar. Cantaba como si la canción fuera suya, como si el cumpleaños fuera suyo. Movía las manos con energía, aplaudía, y su cuerpo vibraba de entusiasmo. Su presencia irradiaba una luz que parecía natural en él. Brillaba. Porque ese era Mattia: siempre rebosante, siempre radiante, como si su alma fuera un sol en miniatura.
—Feliz cumpleaños, Chía —dijo con su típico tono encantador mientras la abrazaba con fuerza y le entregaba un pequeño paquete envuelto con esmero.
—Mattia, no debiste... —rió ella.
—Sé que te va a gustar, pero prométeme que lo abrirás en privado.
—Lo haré, cariño —le besó la cabeza con ternura.
Mattia se alejó con esa ligereza tan suya, y justo cuando lo hizo, ese aroma volvió.
Max giró la cabeza sin pensarlo. Y ahí estaba. Mattia también lo sintió, porque bajó la mirada. Aun así, Max no apartó los ojos de él. Lo observó con atención, como si estuviera intentando leerle la mente, entender el motivo por el que lo esquivaba.
¿Le molestaba verlo? ¿Lo evitaba por la conversación?
—Muchas gracias a todos. De verdad —dijo Chiara—. Seguiremos festejando más tarde. Ahora, todos a sus puestos.
El grupo comenzó a dispersarse.
Mattia tomó una botella de vino espumante sin abrir —la única que nadie había tocado— y se dirigió a la despensa. Quería ordenarla en su lugar antes de que alguien la derramara por accidente.
El ambiente más cerrado de la despensa intensificó los olores. Y ahí estaba otra vez.
Esa fragancia.
—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Mattia.
Mattia no respondió de inmediato.
—La verdad es que sí —añadió Max mientras se acercaba—. Quiero saber por qué me estás evitando.
—¿Yo? ¿Evitándote? Claro que no.
—Cuando yo doy un paso hacia ti, tú das uno hacia atrás. Eso es evasión. ¿Por qué? Han pasado dos años desde la última vez que hablamos. Yo te extrañé, ¿tú no?
Mattia tragó saliva.
—Vaya... has crecido mucho —dijo Max con suavidad, revolviéndole el cabello—. Supongo que son cosas de la adolescencia. ¿Tienes quince, no?
—Dieciséis. Casi diecisiete.
—Felicidades, entonces.
—Aún no es mi cumpleaños...
Intentó salir, pero Max se interpuso sin intención de dejarlo pasar.
—¿Quieres dejar de evitarme?
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Cautivo | Kookv (omegaverse)
RandomTaehyung tuvo la mala suerte de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Vivió en una pesadilla después de ser secuestrado por un Mafioso que lo declaro como suyo. Hasta el día que Gong yoo cometió el error de dejar que su cautivo fu...
