OCASO

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El lugar quedó suspendido en un silencio absoluto. No era un silencio incómodo. Era un silencio denso, lleno de respeto, de duelo, de amor. Un silencio que parecía envolver cada rincón del lugar, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para rendir homenaje.

El cielo, gris y nublado, parecía estar de luto junto a ellos. En la primera fila, los hijos de Jungkook y Taehyung ocupaban sus asientos, hombro con hombro, como siempre lo habían hecho. Unidos, irrompibles, incluso ahora que sus pilares ya no estaban.

Wonhee se levantó con paso firme, aunque cualquiera que la conociera sabría que ese temple le estaba costando el alma. Caminó hasta el atril ubicado al frente, mientras las miradas se alzaban hacia ella, y con un pequeño suspiro tomó el micrófono entre sus manos. Sus dedos temblaron levemente, pero su voz salió clara.

—Hola a todos —comenzó, tragando saliva—. Como sabrán, la razón por la que estamos aquí no es precisamente una razón alegre. Hoy se cumple un año desde que mis padres... —hizo una pausa, bajando la mirada para recuperar la compostura— desde que mis padres fallecieron. Y la verdad es que... mis hermanos y yo, los seis, aún no hemos logrado superar esta pérdida. Creo que, sinceramente, jamás podremos.

El público guardó un silencio reverente, como si incluso respirar estuviera fuera de lugar en ese momento.

—Decidimos hacer esto en su memoria —continuó Wonhee, alzando la vista con determinación—. No porque nos guste revivir el dolor, sino porque creemos que se merecen este homenaje. Se merecen ser recordados. Se merecen descansar con la certeza de que todo lo que construyeron sigue de pie. Mis padres... trabajaron toda su vida. Levantaron la empresa, llevaron a la familia a la cima, sostuvieron la mafia con honor, con fuerza, con principios. Nunca dejaron que el poder los corrompiera. Nunca olvidaron quienes eran.

Sus ojos brillaron con lágrimas, pero la sonrisa que se le dibujó en el rostro era genuina.

—Ellos siempre decían que lo hacían por nosotros, por sus cachorros —la voz le tembló suavemente—. Por eso me duele. Ochenta y cinco años me parecen poco, me parecen insuficientes. Yo habría querido que vivieran para siempre. Ellos eran inmortales para mí.

Se giró hacia su hermano Jun, quien estaba a su lado, y con una leve inclinación le dio paso.

Jun asintió, tomó aire, y se acercó con paso lento. Su voz, cuando habló, fue más baja, más pausada, pero cargada de una fuerza inquebrantable.

—Mis padres fueron muchas cosas. Excelentes padres. Increíbles abuelos. Bisabuelos que mimaban más de lo que disciplinaban —una risa leve se escuchó entre los presentes, aliviando por un segundo el nudo en el pecho de todos—. Fueron jefes justos, líderes valientes. Dueños de un corazón enorme y una visión imposible de alcanzar. Todo lo que somos hoy —dijo, haciendo un gesto hacia sus hermanos sentados en la primera fila—, todo lo que la familia es hoy, se lo debemos a ellos.

Hizo una pausa, mirando al frente, como si pudiera verlos ahí, en sus sillas, tomados de la mano, sonriendo con esa calidez que los había definido hasta el último día.

—Papá siempre nos decía que el amor y la lealtad eran lo más importante. Papá Tae nos enseñó que ser fuerte no era gritar más fuerte, sino sostener más tiempo a los que amamos. Nos criaron para cuidarnos, para elegirnos, para no olvidarnos nunca.

La voz de Jun se quebró apenas al final, y bajó la mirada.

Wonhee volvió a colocarse a su lado, mirándolo con orgullo y dolor a partes iguales.

Regresó al micrófono después de que la sala se quedara suspendida en ese silencio reverente. Sus manos, aunque firmes, mostraban un leve temblor, pero no por inseguridad, sino por la intensidad de lo que estaba a punto de compartir.

Cautivo | Kookv (omegaverse)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora