Los pasos resonaban como truenos en la inmensidad del pasillo, el eco del tacón de sus botas marcaba el ritmo de una presencia imposible de ignorar. Cada pisada imponía respeto, autoridad, un dominio absoluto del espacio. A su paso, el silencio se imponía como una orden no pronunciada. Las conversaciones morían al instante, los susurros se apagaban, y hasta el aire parecía contener la respiración. Las miradas bajaban, los cuerpos se inclinaban en señal de reverencia, no por obligación, sino por instinto. No era solo una figura que cruzaba el pasillo, era el poder encarnado. Allí donde él pasaba, el mundo se detenía.
Taehyung había ocupado durante años el puesto de Harat. Sin embargo, durante los primeros años de vida de sus hijos, él y Jungkook tomaron una decisión que sorprendió a muchos: se alejaron del mundo de la mafia.
Fue un acto de amor silencioso, un intento de construir una burbuja de paz en medio del caos para proteger a lo que más amaban. Durante un tiempo, desaparecieron de los pasillos de poder, de las sombras donde las decisiones se tomaban con sangre y promesas rotas. Pero esa pausa fue solo temporal. Ahora, habían regresado oficialmente. Y su regreso no era una simple reincorporación: era el eco de un imperio que se reactivaba, una advertencia sutil de que las piezas volvían a moverse bajo su voluntad. El silencio que alguna vez acompañó su ausencia se quebraba con cada paso firme, con cada mirada que volvía a reconocer el peso de su nombre.
Taehyung entró al salón con paso firme, adentrándose en el centro del gran círculo. Uno a uno, los ancianos que en el pasado habían cuestionado su capacidad para ocupar el cargo de Harat se levantaron lentamente, inclinándose ante él con respeto silencioso, casi reverencial.
—Buenos días, Harat —exclamaron todos al unísono, como un eco que recorría las paredes del recinto.
—Buenos días a todos —respondió Taehyung con voz clara y firme, mientras colocaba unos documentos sobre el podio—. Pueden tomar asiento.
—Nos ha convocado a esta reunión, Harat —dijo uno de los mayores con tono inquisitivo.
—Así es —afirmó él, con la mirada fija, imperturbable—. He convocado esta reunión porque mi esposo y yo hemos tomado una decisión que marca el rumbo. Hemos decidido regresar plenamente al lugar que nos pertenece por derecho, por linaje y por historia. Esta reunión es únicamente informativa. En breve recibirán más detalles. Les anticipo que se avecinan cambios importantes dentro de la estructura de la mafia, cambios necesarios... inevitables.
Un silencio tenso cayó como una sombra sobre la sala.
—¿Y Ahmed, Harat? —preguntó otro anciano con cautela.
Taehyung giró apenas el rostro, sus ojos afilados clavándose en el hombre que habló.
—¿Acaso necesita la presencia de mi esposo para validar mis palabras? —preguntó con tono gélido.
—No, Harat, no es eso. Jamás me atrevería...
—Escúchenme bien —interrumpió, su voz llenando el espacio como un trueno contenido—. Sé que durante generaciones esta estructura ha sido gobernada por hombres alfa. Lo entiendo. Lo han hecho con mano firme, con reglas que hoy ya no aplican del mismo modo. El mundo ha cambiado... y las reglas también. Tendrán que acostumbrarse a escuchar mi voz, a acatar mis decisiones, porque mi esposo me ha cedido el poder absoluto. Y lo ejerceré con toda la fuerza y la visión que me definen.
Un murmullo sordo recorrió la sala. Un temblor de incertidumbre y sorpresa.
Taehyung se irguió aún más.
—Sí —continuó con solemnidad—, soy el primer omega en portar este poder. Y mi hija, escúchenlo bien, será la primera mujer en heredarlo. Porque el futuro ya no se arrodilla ante el pasado... y ustedes tampoco lo harán ante el miedo al cambio.
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Cautivo | Kookv (omegaverse)
AcakTaehyung tuvo la mala suerte de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Vivió en una pesadilla después de ser secuestrado por un Mafioso que lo declaro como suyo. Hasta el día que Gong yoo cometió el error de dejar que su cautivo fu...
