C.E 02

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El eco del llanto resonaba a través de la radio como un suave llamado en la madrugada, un recordatorio de que la vida, aunque frágil y nueva, era implacable en su necesidad. Eran las cuatro de la mañana, apenas unas horas desde que sus cuerpos habían tocado la tregua del sueño. Taehyung, aún atrapado entre la somnolencia y la responsabilidad, hizo un intento por levantarse, pero una mano cálida lo detuvo.

— Yo voy —le murmuró Jungkook con voz grave, acariciando su hombro—. Vuelve a dormir.

— Siempre vas tú —respondió Taehyung con un suspiro cansado, sus ojos pesados de agotamiento pero aún brillando con devoción—. Creo que debería ser mi turno.

— Aquí no hay turnos, amor —dijo Jungkook, su voz tan suave como la noche misma—. Tú Descansa. Yo voy.

Y aunque Taehyung quiso protestar, la calidez de aquellas palabras lo envolvió, haciéndolo ceder.

— Está bien...

Jungkook depositó un beso en su frente, antes de levantarse. Sus pasos eran lentos, su figura ligeramente encorvada por el peso de la paternidad, pero su corazón latía fuerte, como si cada latido fuera una promesa a sus cachorros en la habitación contigua. La distancia, aunque corta, se sentía como un camino eterno por los pasillos espaciosos de la mansión, pero Jungkook siempre llegaba, siempre respondía.

Y era lo mismo durante la gestación, cuando los deseos y emociones de Taehyung llenaban cada rincón.

Meses atrás...

En medio de la noche, un susurro rompía la calma.

— Jungkook... —su voz tenue, casi tímida, como si no quisiera pedir lo que su corazón anhelaba.

— Mmm... —respondía él, medio dormido pero siempre dispuesto.

— No sé, ¿no se te antoja un kimchi con... algo más? —murmuraba Taehyung, pretendiendo casualidad.

Jungkook sonreía, aun sin abrir los ojos, ya conociendo el juego uno que se repetía una y otra vez.

— Claro que sí, amor. Qué coincidencia... iré por un poco. ¿Quieres que te traiga?

— Bueno, ya que vas, tal vez un poco para acompañarte...

O aquellas veces en que las emociones tomaban control, llenando las noches de susurros vulnerables.

— Ya no me miras porque estoy gordo, ¿verdad? —decía Taehyung, su voz temblorosa y sus ojos esquivando los de Jungkook.

Y Jungkook dejaba todo, giraba en su silla, y lo miraba con tanta intensidad que parecía querer abarcarlo entero.

— Cariño, no hay nada en este mundo que yo desee mirar más que a ti. Pero si no te miro es porque, aunque quisiera, no puedo dividirme entre la pantalla y la perfección que eres.

O aquellas noches caóticas:

— Fuera de mi vista —decía Taehyung, su voz cargada de frustración—. Por tu culpa no puedo moverme, mis pies están hinchados, y me siento como un globo.

Y Jungkook no respondía con palabras, sino con acciones: masajeando sus pies hasta que el enfado se derretía.

Pero lo que más atesoraba Jungkook, lo que iluminaba sus días incluso en las horas más oscuras:

— Te amo tanto —decía Taehyung, su voz un canto de devoción mientras lo llenaba de besos—. Eres tan guapo, tan mío, mío...

Y Jungkook, perdido entre las caricias y el calor de aquel amor, se rendía por completo.

Cautivo | Kookv (omegaverse)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora