XV

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Pov Lisa.

Dos meses. Dos meses desde que Canny apareció en la puerta de nuestra casa con el rostro inexpresivo, su maleta a cuestas y el corazón hecho pedazos. No hacía falta ser un genio para saber que algo en ella se había roto. Se limitó a decir: "Necesito tiempo" y luego desapareció en su habitación.

No preguntamos, no presionamos. Pero mientras ella se aislaba en su propio mundo de silencio, Jennie y yo no dejábamos de observarla con preocupación. Sabíamos que esta actitud fría y distante no era más que una bomba de tiempo, y hoy estaba claro que estaba a punto de estallar.

—¡Eso es, mamá! ¡No te rindas! —gritó Leo desde la esquina del gimnasio. Lara estaba a su lado, riendo con entusiasmo mientras observaba cómo mi hija me daba una paliza.

El golpe de Canny impactó contra mis guantes con tal fuerza que casi pierdo el equilibrio. Cada puñetazo venía cargado de una ira contenida, como si cada golpe fuera dirigido a algo que no podía nombrar.

—¿Qué pasa, mamá? ¿Te estás cansando? —dijo con una sonrisa, pero sus ojos estaban fríos, distantes.

—¿Cansándome? Ni en sueños, niña —respondí, aunque en realidad estaba luchando por mantenerme en pie.

Jennie entró en el gimnasio justo en ese momento. Se detuvo en seco, observando la escena con una mezcla de sorpresa y desaprobación.

—¿Pero qué demonios está pasando aquí?

—Estamos entrenando —respondí con una mueca mientras Canny se preparaba para otro golpe.

Jennie levantó una mano, deteniéndola en seco.

—Canny, baja los guantes. Ahora mismo.

Canny se quedó congelada, respirando agitadamente, su pecho subiendo y bajando mientras me miraba con el ceño fruncido. Jennie se acercó a ella despacio, como una bomba a punto de explotar.

—¿Quieres explicarme qué crees que estás haciendo? Porque desde aquí parece que estás usando a tu madre como tu saco de boxeo personal.

—Solo estaba practicando —respondió Canny, tratando de sonar despreocupada.

—¡No, no lo estabas! —Jennie alzó la voz, cruzando los brazos. —¿Te parece normal sacar toda tu frustración golpeando a tu madre? ¿O encerrarte en tu burbuja y no decirle una palabra a nadie durante dos meses? ¡Esto no es practicar, Canny! ¡Es huir! ¡Y ya basta!

Canny apretó los puños, desviando la mirada.

—No estoy huyendo. Solo estoy… tratando de estar bien.

—¿Estar bien? —Jennie dio un paso más cerca, mirándola directo a los ojos. —Cariño, golpear hasta cansarte no es estar bien. Ignorar a quienes te quieren no es estar bien. Has estado encerrada, desconectada del mundo, sin decirnos absolutamente nada. ¿Crees que eso está bien?

Canny tragó saliva, su respiración aún entrecortada.

—No sabía cómo hablar de esto… No quiero preocuparlas.

Jennie la tomó suavemente por los hombros.

—Preocuparnos… —repitió, su voz quebrándose un poco. —¿Te das cuenta de que nos preocupamos más cuando no sabemos qué te pasa? Prefiero escuchar lo peor de tu boca que quedarme aquí adivinando si estás bien o no. ¡Eres nuestra hija, Canny! No tienes que cargar esto sola.

Canny cerró los ojos con fuerza, y por un momento pensé que iba a romperse. Cuando volvió a abrirlos, estaban vidriosos, pero aún se mantenía en pie, resistiéndose a dejar caer la máscara.

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora