XXI

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Pov Canny.

Después de la tormenta, llegó la calma.

Tras la tensión de la pelea con Sooin, el ambiente en la casa volvió a relajarse. Asa y yo nos habíamos quedado un momento abrazadas después de nuestro beso, solo disfrutando la presencia de la otra. Me encantaba sentir su cuerpo pegado al mío, como si necesitara reafirmar que seguía aquí, conmigo, y no con esa… tipa.

Las chicas, al ver que la guerra había terminado, decidieron que era buen momento para ver una película y dejar el drama atrás.

—Quiero ver algo de acción, —dijo Pharita, dejándose caer en el sofá—, pero con peleas reales, no esas coreografías baratas.

—¿No fue suficiente con la acción en vivo de hace un rato? —bromeó Ruka, riéndose.

—¡Oye! —refunfuñé, pero todas empezaron a reírse.

—No, pero en serio, Canny, —intervino Ahyeon con una sonrisa burlona—, cuando te enojas, pareces una bestia.

—Literal  —añadió Rami—. Si no te detenemos, Sooin termina en el hospital.

Me crucé de brazos, frunciendo el ceño.

—Yo no iba a hacerle tanto daño…

—¿Ah, no? —Rora me miró con una ceja levantada—. ¿Y entonces por qué la veías como si quisieras arrancarle la cabeza?

—Porque lo quería hacer, duh.

Todas se rieron de nuevo.

Asa suspiró y me miró con ese gesto tierno que ponía cuando quería regañarme, pero sin dejar de amarme.

—Canny… —me llamó con dulzura.

Yo le sonreí, como si eso me salvara.

—Bebé, —intenté endulzar mi tono.

—No me mires así, Manobal, —cruzó los brazos—. No puedes resolver todo con los puños.

Rodé los ojos.

—Claro que no.

—¿Ah, no? —me desafió, inclinando la cabeza.

Me acerqué lentamente, con una sonrisa ladina.

—No. —Mi voz bajó un poco—. Los problemas contigo no los soluciono a golpes.

Las chicas nos miraban con atención, esperando mi siguiente jugada.

Me incliné más, hasta quedar cerca de su oído, y le susurré con tono bajo y grave:

—Contigo los soluciono en la cama.

Asa se puso roja en un segundo.

—¡CANNY! —me golpeó el brazo, haciéndome reír.

—¡Ah, no puede ser! —Ruka se llevó las manos a la cara, pero entre los dedos se notaba que estaba muriendo de risa.

—¡Alto ahí! —exclamó Pharita, señalándonos—. ¡No traigan sus perversiones aquí!

—Demasiado tarde, —dijo Ahyeon, negando con la cabeza—. Si Asa se puso así, ya es obvio lo que pasó.

—Es que Asa no puede decirle que no a Canny, —agregó Rami con una risa maliciosa—. Todos lo sabemos.

—¡Eso no es cierto! —protestó Asa, aún roja como tomate.

—¡Bebé, me castigaste y cinco minutos después rompiste tu propio castigo! —me burlé, haciéndola fruncir el ceño.

—¡No es mi culpa que seas tan… tan…!

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora