Pov Asa.
Sentía el sol colarse suavemente por la ventana de la cocina, calentándome las mejillas mientras sostenía un vaso de jugo entre las manos. Aquel silencio en la casa Manobal Kim era raro, pero también reconfortante. Era uno de esos momentos donde la vida parecía suspirar en pausa.
Jennie apareció con su andar tranquilo, como si flotara, y se sentó frente a mí con una sonrisa cálida y esa mirada suya que lo decía todo sin decir nada.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —preguntó con calma, con esa voz de terciopelo que siempre logra que uno baje la guardia.
Asentí, dejando el vaso sobre la mesa.
—Claro, dime.
—Asa... sé que tener un bebé da miedo —empezó, entrelazando los dedos sobre la mesa—. Y tener dos… bueno, es como mirar al vacío con los ojos cerrados.
Solté una risa nerviosa.
—Sí. Literalmente. A veces siento que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Solo... floto, como si cada día fuera improvisado.
Jennie asintió, comprensiva.
—Eso es ser madre, Asa. Nadie nace sabiendo cómo hacerlo. Yo aprendí sobre la marcha... con Canny. Cometí errores, muchos. Pero también la amé con todo lo que tenía, incluso cuando no sabía cómo demostrarlo.
La miré sorprendida.
—¿Tú...? Pero eras ídol, estabas todo el tiempo viajando, cantando... ¿cómo pudiste criarla?
Jennie bajó la mirada por un momento, como reviviendo todo ese pasado.
—Con amor. Y con ayuda. Lisa y yo nos turnábamos. Llevábamos pañales escondidos en las maletas de gira, calentábamos leche en camerinos, le cantábamos para que durmiera mientras otras chicas ensayaban. Era un secreto... pero también era mi mayor verdad.
Tragué saliva, conmovida.
—Debe haber sido tan duro...
—Lo fue —admitió—. Pero también fue el regalo más grande de mi vida. Y ahora tú estás viviendo eso, con dos vidas creciendo en ti. Te admiro. Más de lo que imaginas.
—Gracias, Jennie... —le dije, con la voz rota—. Yo... te veo como una segunda madre. Me haces sentir segura.
Jennie se inclinó y me tomó la mano con firmeza.
—Y yo te veo como una hija. Gracias por amar a mi niña, por hacerla sonreír como lo hace contigo. Cuando la miro ahora... cuando la veo tocarte la panza, hablarle a los bebés, abrazarte por la espalda... sé que ella está bien. Que eligió bien.
Me incliné sobre la mesa y la abracé con fuerza. Sentí ese calor de hogar, de protección. Esa familia que, sin haberlo planeado, se convirtió en mía también.
—Gracias por recibirme... por cuidarnos.
—Siempre —susurró Jennie, apretándome un poquito más—. Y cuando nazcan esos dos terremotitos, quiero ser su abuela favorita, así que prepárate para los mimos excesivos y las visitas a escondidas con dulces.
Reímos juntas. Era imposible no sentirse amada en esa casa.
Una semana después...
El calor se sentía como una manta pesada en la piel. Lisa, previendo nuestras quejas, había convertido la terraza en un pequeño oasis: flotadores de flamencos, sombrillas de colores, una piscina inflable gigante que los mellizos invadían a diario.
Pero esa tarde, por algún milagro, nos quedamos solas.
—¡Vamos, mamá osa! —gritó Canny desde el agua, salpicándome con una sonrisa tan traviesa que me hizo olvidar el calor.
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Te Quiero a Ti (GiP)
FanfictionEn el desafiante trayecto hacia el debut, Asa y Ahyeon comienzan a notar que lo que sienten por Chiquita supera los límites de la simple amistad. Mientras ambas intentan encontrar la manera de ganarse su corazón, Chiquita empieza a descubrir que su...
