IX.

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La sala se había convertido en un escenario de tensión apenas contenida. Anna seguía sentada a mi lado, demasiado cerca para el gusto de Asa. Sus gestos animados y su risa efusiva parecían llenar cada rincón del espacio, invadiendo un terreno que yo sabía que Asa consideraba suyo.

Desde mi posición, podía ver cómo Asa luchaba por mantener una expresión neutral, pero sus ojos —esos ojitos brillantes que tanto adoraba— estaban cargados de algo oscuro. No podía culparla. Anna estaba siendo... intensa, y no había hecho nada para calmar la situación.

Finalmente, Asa no pudo más. Se levantó bruscamente, sus movimientos tan firmes que incluso Anna pareció desconcertada.

—Necesito aire.

Su tono seco y cortante me dejó helada. La vi salir de la sala con pasos rápidos, cerrando la puerta tras ella con más fuerza de la necesaria.

Sentí un nudo en el pecho. Sin pensarlo, me levanté para seguirla.

—¿Canny? —Anna me detuvo, agarrando mi muñeca. Su toque no era agresivo, pero la urgencia en su mirada hablaba por sí sola—. ¿Qué estás haciendo?

Giré la cabeza para mirarla, mis ojos clavándose en los suyos con una determinación que ni yo sabía que tenía.

—Lo siento, Anna —dije, liberando mi mano suavemente pero con firmeza—. Necesito hablar con Asa.

Sin esperar su respuesta, me giré y salí de la sala. Antes de que cerrara la puerta, oí cómo Anna, claramente confundida, le preguntaba al resto:

—¿Qué demonios está pasando aquí?

Pharita, siempre la más directa del grupo, suspiró mientras se encogía de hombros.

—Canny y Asa están... bueno, intentando tener algo —explicó con cautela, mientras Ruka asentía desde el sofá.

—¿Algo? —repitió Anna, su tono incrédulo.

—Una relación, Anna —agregó Rora, dejando caer la bomba con la sutileza de un tren descarrilado—. Y, viendo cómo estabas pegada a Canny, estoy segura de que Asa salió de aquí celosa.

Anna frunció el ceño, mirando a cada una como si esperara que alguien le dijera que era una broma.

—¿Asa? ¿Celosa de mí? —preguntó, como si la idea le resultara absurda.

—Bastante obvio, ¿no crees? —intervino Ahyeon, sin mirarla directamente.

Mientras tanto, yo ya había encontrado a Asa en el pasillo. Estaba de pie junto a la ventana, su postura rígida y sus brazos cruzados como si estuviera conteniéndose para no golpear algo.

—Ojitos... —llamé suavemente, usando el apodo que siempre lograba calmarla.

Ella giró la cabeza hacia mí, sus ojos oscuros ahora brillando con una mezcla de dolor y rabia contenida.

—¿Qué quieres, Canny? —preguntó, su tono bordeando la frialdad, pero había algo vulnerable en su mirada que me hizo tragar con dificultad.

Me acerqué despacio, manteniendo las manos a mi lado, insegura de si quería que la tocara en ese momento.

—Quiero saber qué te pasa.

—¿De verdad? —soltó con una risa amarga, dando un paso hacia mí—. ¿De verdad no lo sabes?

Su intensidad me hizo retroceder ligeramente, pero mantuve mi posición.

—Asa, Anna es una vieja amiga, nada más.

—¿Nada más? —repitió, sus cejas levantándose incrédulas—. Porque desde donde estaba sentada, parecía que era mucho más. Ella te llama "bebé", te toca como si todavía tuvieran algo, y tú... —se interrumpió, sacudiendo la cabeza con frustración—. Tú no haces nada para detenerla.

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora