XVIII

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Pov Asa.

Entré a la habitación cerrando la puerta detrás de mí con fuerza, mi respiración aún agitada por lo que acababa de pasar en el parque. Canny estaba de espaldas, terminando de cambiarse. Llevaba un top deportivo que dejaba a la vista su abdomen marcado, y su pantalón estaba desabrochado, descansando peligrosamente bajo su cadera. Por un segundo, me quedé en blanco, pero sacudí la cabeza rápidamente. No podía dejarme distraer. No ahora.

—¿Qué diablos fue eso, Canny? —mi voz salió fuerte, cargada de rabia y confusión.

Canny se giró despacio, con el rostro aún tenso por lo ocurrido en el parque.

—¿De qué hablas? —preguntó con frialdad mientras abrochaba su pantalón.

—¡No te hagas la inocente! —di un paso hacia ella, señalándola con el dedo—. ¡Golpeaste a Sooin! ¡En medio del parque! ¡Delante de todo el mundo!

Canny frunció el ceño, cruzándose de brazos.

—Ah, ¿y eso es lo que te molesta? ¿Que la golpeé, no por qué te estaba BESANDO? —Su voz subió un tono más, sus ojos clavados en los míos—. ¡Me molesta más que te dejaras besar tan tranquilamente!

—¡No me dejé besar! —repliqué, frustrada—. ¡Ella lo hizo de repente! ¡Ni siquiera lo vi venir!

—¡Pues no parecías muy incómoda! —gritó Canny, dando un paso más hacia mí—. ¿Desde cuándo tienes algo con ella, Asa?

—¡No tengo nada con Sooin! ¡Es solo una amiga! —defendí, aunque sentía la culpa apretándome el pecho—. ¡No puedes llegar aquí después de meses y acusarme de todo como si nada!

Canny soltó una carcajada amarga, una que me dejó helada.

—¿De verdad vas a hacerte la víctima ahora? ¡Tú, Asa, que no tuviste problemas en olvidarme y salir con otra mientras yo trataba de juntar mis pedazos!

—¡Yo no te olvidé! —grité, sintiendo cómo mi voz temblaba por la mezcla de enojo y tristeza—. ¡Pasé meses hecha un desastre por ti, Canny! Pero tú desapareciste sin darme una maldita explicación. ¿Qué se suponía que debía hacer?

—¿Y besar a Sooin era tu forma de superarme? —replicó ella con los ojos entrecerrados—. ¡Porque parecía que te gustaba!

—¡No fue así! —me defendí—. ¡Fue solo un momento! ¡Uno que no significa nada!

El aire estaba pesado. Las palabras volaban de un lado a otro, golpeándonos como piedras, cada una más dolorosa que la anterior. Quería gritarle más cosas, quería que entendiera lo mucho que me dolía verla después de tantos meses, solo para descubrir que no éramos las mismas.

Y entonces, la puerta del cuarto se abrió de golpe.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —Ahyeon entró, su mirada fija en Canny, sin siquiera notarme a mí—. ¿Cómo puedes gritarle así a Asa, cuando tú y yo… tú sabes… en Los Ángeles?

Mi corazón se detuvo. Sentí un nudo subir por mi garganta y un calor abrasador que me envolvía.

¿Tú y yo en Los Ángeles? Las palabras resonaban en mi cabeza como un eco interminable. No hacía falta mucha explicación. Lo sabía. Habían compartido un beso.

Canny giró hacia Ahyeon, su rostro ahora lleno de furia.

—¡No fue nada, Ahyeon! —respondió, su voz más firme de lo que había escuchado antes—. ¡Tú me robaste ese beso! ¡Y lo sabes! No quise que pasara, y te dejé claro en ese mismo instante que no iba a pasar nada entre nosotras… porque amo a Asa. Siempre la he amado.

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora