XXIII

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Pov Asa.

Me quedé unos segundos más ahí, de pie, mirando la puerta del baño cerrada. Podía escuchar el sonido del agua cayendo y me preguntaba qué pasaba realmente por la cabeza de Canny.

Ella siempre había sido la más fuerte de las dos, la más segura... pero también sabía que detrás de esa fachada había alguien que se guardaba mucho, demasiado.

No podía dejarla sola con esos pensamientos.

Solté un suspiro, decidida, y me acerqué a la puerta del baño. Giré suavemente el picaporte y me asomé.

El vapor llenaba el espacio, difuminando las paredes y el espejo empañado. A través de la cortina de agua, la figura de Canny se dibujaba claramente.

Estaba de espaldas, con las manos apoyadas en la pared de azulejos, el agua resbalando por su piel desnuda. Me quedé unos segundos observándola, sintiendo ese tirón en el pecho y esos pensamientos impuros queriendo tomar control.

Pero no, primero teníamos que hablar.

Cerré la puerta con cuidado y me acerqué, dando un par de golpecitos suaves en la pared para anunciarme.

—¿Canny?

La vi tensarse por un momento, pero luego bajó la cabeza y dejó que el agua siguiera cayendo sobre su rostro y su cuello.

—Pensé que te quedarías afuera. —murmuró con voz baja.

Me mordí el labio, dando un paso más hacia ella.

—No podía dejarte sola. —admití con sinceridad.

Canny giró un poco, apenas lo suficiente para mirarme por encima del hombro. Sus ojos estaban brillantes, pero no por el agua. Había algo más.

—Asa, estoy bien.

—No, no lo estás.

Suspiré y di un paso más, acercándome lo suficiente como para que el vapor me envolviera también.

—Por favor, háblame. —le rogué suavemente—. No quiero que te guardes todo. No quiero que me alejes.

Ella cerró los ojos un momento, dejándose llevar por el sonido del agua y mi voz. Luego, lentamente, bajó los brazos y se giró por completo para mirarme.

—Es solo... —vaciló, buscando las palabras adecuadas—. Es todo esto. Lo de Sooin, lo que dijeron Anna y Ella... A veces siento que... que tú podrías querer algo más. Algo mejor.

Mi corazón se hundió al escucharla.

—¿Cómo puedes pensar eso? —di un paso más y tomé su rostro entre mis manos, ignorando el agua fría que me alcanzaba—. Canny, tú eres lo mejor que me ha pasado. No hay nadie más para mí.

Ella bajó la mirada, sus pestañas húmedas y largas. Mi corazón dolía al verla así.

—Pero Sooin sigue ahí, insistiendo, y... no sé. No quiero perderte.

—No me vas a perder, chiquita.

Me acerqué más, hasta que nuestros frentes se rozaron, el agua cayendo entre nosotras. Podía sentir su respiración temblorosa y cómo sus manos buscaron mi cintura, inseguras.

—Yo te elijo a ti. Siempre.

Canny cerró los ojos y apoyó la frente contra la mía, soltando un suspiro pesado.

—Lo siento... a veces no puedo evitarlo.

—Lo sé. —murmuré, acariciando sus mejillas—. Y por eso estoy aquí. Para recordarte que no tienes que dudar. Que eres todo lo que quiero.

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora