III.

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Pov Chiquita.

El sol ya se había ocultado cuando regresamos a casa después de un día agotador. Habíamos pasado horas perfeccionando coreografías, y aunque el cansancio pesaba en cada músculo de mi cuerpo, no sentía ganas de irme directamente a la cama. La mayoría de las chicas subió en silencio, arrastrando los pies con un cansancio que casi podía escucharse. Con un simple "buenas noches", desaparecieron en sus habitaciones.

Yo, en cambio, me quedé abajo. Después de ducharme y ponerme ropa cómoda, me dirigí a la sala, buscando algo que me ayudara a relajarme. La tranquilidad de la casa, combinada con la tenue luz de las lámparas, me hacía sentir en paz. Elegí una película ligera en el catálogo de la televisión y me acomodé en el sofá con una manta, dejando que mi mente se desconectara poco a poco del ajetreo del día.

Estaba empezando a sumergirme en la trama cuando oí unos pasos suaves provenientes de la cocina. Giré la cabeza ligeramente y vi a Asa, quien había bajado por un vaso de agua. Al parecer, notó la luz y se detuvo al verme.

—¿Todavía despierta? —preguntó con una sonrisa tranquila, acercándose a la sala con el vaso en la mano.

—Sí… —respondí, esbozando una pequeña sonrisa—. Estaba demasiado cansada para dormir. A veces necesito relajarme un poco antes de irme a la cama.

Asa asintió, como si entendiera perfectamente lo que quería decir.

—Te entiendo —dijo mientras se sentaba a mi lado en el sofá, dejando algo de espacio entre nosotras—. Después de un día como hoy, lo único que ayuda es ver algo tranquilo, ¿no?

No pude evitar asentir. Había algo reconfortante en su presencia, algo que hacía que mi nerviosismo habitual disminuyera. Aunque no había tenido muchas oportunidades de hablar con Asa, me parecía alguien fácil de estar cerca, como si su energía fuera naturalmente calmante.

—Exactamente —le respondí—. Es una buena forma de olvidarse de todo por un rato.

Asa sonrió, esa sonrisa suave que parecía siempre llena de sinceridad, y se acomodó un poco más en el sofá, acercándose sin que me diera cuenta.

—¿Qué estás viendo? —preguntó, señalando la pantalla.

—Es una película de aventuras. Nada complicado —dije, volviendo mi atención a la pantalla—. Me gusta ver cosas ligeras antes de dormir.

Nos quedamos en silencio después de eso, las dos observando la película. Pero a pesar de no hablar, la atmósfera entre nosotras se sentía especial. Había algo en tenerla a mi lado que no podía explicar del todo, una especie de calidez que no sentía con las demás chicas.

De repente, Asa rompió el silencio, y su voz me tomó por sorpresa.

—Sabes, me alegra que te hayas unido al grupo —dijo, su tono más serio pero igual de cálido. Giré la cabeza para mirarla, encontrándome con su mirada suave y sincera.

—¿De verdad? —pregunté, sintiendo que mis mejillas se calentaban un poco.

—Sí. —Asa desvió la vista por un momento antes de volver a mirarme—. Me parece que eres una persona muy especial. No solo por tu talento, que es impresionante, sino… por cómo eres.

Su comentario me dejó sin palabras. No estaba acostumbrada a recibir ese tipo de elogios, y menos de alguien como Asa. Sentí una mezcla de agradecimiento y algo más, algo que no podía identificar del todo pero que hacía que mi corazón latiera un poco más rápido.

—Gracias, Asa… —respondí en un susurro, intentando mantener la calma—. Tú también luces increíble. Siempre he admirado a las chicas de Japón, como tú. Tienen una disciplina y una determinación que respeto mucho.

Te Quiero a Ti (GiP) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora