Hace al menos unas tres horas que Leopold se está mirando en el espejo de su dormitorio de la mansión Mills. Está guapo de traje, sus ralos cabellos peinados hacia atrás y la respiración desacompasada de lo nervioso que está. Regina llama a la puerta y entra con cuidado, lo ve tan tenso que parece un mueble, duro. Ella carraspea, cierra la puerta y se acerca lentamente. Tiene un regalo en su mano que quería entregárselo algo antes de la ceremonia en los jardines de la casa. Dos billetes para Hawai con todos los gastos pagados para que él y el ama de llaves tengan la Luna de Miel de sus sueños. Fue idea de Emma, después de que le contara a Regina que Cora le había comentado que quería conocer Honolulu a la primera oportunidad. A Mills le resultaba curioso acordarse poco del tiempo que había convivido con Cora con anterioridad y acordarse mucho menos de haber escuchado algo como eso, a pesar de conversar mucho y ser tan allegadas como madre e hija. Pensó que tenía que enviarlos a otro país, darles más días para aprovechar la pasión de la boda, pero también sabía que Cora no iba a querer dejar la mansión por mucho tiempo. Después de tantos años de felicidad, Regina parecía emocionada cuando hablaba del ama de llaves. Ella merecía todo lo mejor y un poco más. Había prácticamente abandonado todo para cuidar de una adolescente malcriada como lo fue ella y después de sus hijos, de aquella inmensa casa. Era más que justo que fuera feliz y hubiera encontrado esa felicidad ahí mismo en los brazos del chófer.
El ruido del bastón en el suelo hueco despierta a Leo y siente un dolor en el cuello cuando lo gira para mirar a su patrona. Sus ojos, ya por lo normal demasiado abiertos, parecen dos aceitunas negras asustadas. No tenía miedo de la boda, pero sí de cómo se sentiría al ver a Cora en su vestido de novia. Imaginó mil cosas. ¿Y si ella se echaba para atrás? ¿Y si llegara al altar y dijera que no? ¿Y si de verdad a ella él no le gustaba? Leo no era el rey de los románticos, pero hace un esfuerzo cuando está con el ama de llaves y únicamente no le hizo ese pedido antes porque tenía miedo de verla marcharse de la mansión Mills. Lo sabía, era una idea tonta la que se le pasaba por la cabeza, pensar que ella se marcharía de repente solo porque se cansara de la vida de empleada de una familia rica, pero entonces sucedió aquel accidente con Daniel y los pequeños y el escenario cambió completamente. Quizás fuera hora de asumir sus sentimientos hacia ella. Ya se estaba haciendo viejo y ella también. Habían sufrido decepciones amorosas en el pasado, intercambiaban miradas cuando pasaban uno al lado del otro en el jardín hasta que se saludaron por primera vez, eso fue un mes después de que él llegara a trabajar en la mansión. Fue ella quién le preguntó a Leopold de dónde venía, por qué ese acento extraño que no se parecía a ningún acento de New Hampshire. Entonces él le dijo que venía de Alabama, era del sur, después ella empezó a invitarle al café de la tarde. Unos siete u ochos cafés después, comenzaron a conversar hasta más tarde, fuera, en el columpio de los niños cerca de la fuente. Él aún se acordaba cuando decidió besarla por primera vez, fue como si se hubiera tragado un puñado de mariposas. Leopold respiró hondo y se convenció a sí mismo de que estaba haciendo lo correcto y que Regina estaba ahí para decirle que podía estar tranquilo, que Cora no se había escapado repentinamente.
‒ ¿Todo bien, Leo? Fuera estamos listos para comenzar‒ dice Regina
‒ Creo que sí, señora. Estoy preparado desde hace tanto tiempo que incluso olvidé la hora. Cora no se ha echado para atrás, ¿verdad?
Regina se rio de su miedo y dijo que no con la cabeza.
‒ No. No se ha echado para atrás y está maravillosa. Se va a enamorar aún más cuando ella aparezca en el jardín. La he visto y puedo garantizar que nunca la he visto tan guapa‒ ella extiende los billetes y él los agarra ‒ Tome, es mi regalo de bodas para los dos. Debería darles algo mayor y que le dieran mejor uso, pero Cora jamás aceptaría, así que voy a cumplir un viejo sueño que ella tiene.
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Bury
FanfictionCuando Regina Mills sufre un trágico accidente, su marido y sus hijos mueren, y ella pierde su memoria. Al despertar del coma, dos meses más tarde, la empresaria intenta recuperarse poco a poco del trauma, dándose cuenta de que incluso antes del fat...
