Felicidad

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Dos semanas más tarde, Regina estaba de nuevo en el hospital, pero no en el mismo sitio donde había visto por última vez a Helena, ese día había ido al Amber City Hospital para visitar a alguien, pero para saber cómo iba su salud mental. El Dr. Gold le había pedido a la señora Mills que se realizara algunos exámenes, y finalmente quería discutir los resultados. Emma estaba con ella, como toda buena compañera a su lado, en su día libre tras una guardia. Intercambiaban miradas mientras él analizaba las hojas de una carpeta con las pruebas. Sentada frente a ellas, tras la mesa, el médico carraspeó al cerrar la carpeta con el nombre de Regina y ponerla sobre la mesa. Ellas lo miran, asustadas de repente, como si les fuera a dar una pésima noticia, pero es todo lo contrario. Gold les sonríe a ambas, pone una mano de forma elegante en su mentón y piensa una forma divertida de comunicar que la señora Mills está bien.

‒ Estos son los mejores exámenes de un paciente con trauma que he podido analizar. Es una excelente recuperación en seis meses. ¡Felicidades, Regina!

‒ ¿Entonces era eso?‒ Mills se quita la mano del pecho y suspira de alivio ‒ Casi me mata del susto

Emma reposa una mano sobre la de ella.

‒ Es otra broma de Gold, adora poner cara de misterio antes de dar un buen diagnóstico.

‒ Soy un hombre muy divertido, ¿no, Emma? Bueno, Regina, los resultados de la resonancia no pueden ser mejores. No hay lesiones como comprobamos la última vez que estuvo aquí. Según lo que sabemos, el área alcanzada de su cerebro tardaría entre tres y cinco meses en estar completamente curada, pero aparentemente ha sido más rápido. Supe lo ocurrido, que recordó todo lo que necesitaba recordar. Por mi parte, puede volver en seis meses si siente la necesidad en hacerse nuevos exámenes.

‒ Pues claro. Insisto ‒ Regina asiente ‒ Saber que estoy bien me conforta, recuerdo lo desesperante que era no saber ni recordar nada de lo sucedido, pero gracias a usted entendí que todo llevaba su tiempo. Nuestro cerebro tiene formas de decirnos la verdad que no podemos imaginar, sobre todo si todavía no es momento de saberlo.

‒ En todos estos años que llevo estudiando el cerebro humano, puedo decir que un bloqueo producto de un estrés postraumático es un mecanismo de defensa, que en algún momento se desbloqueará, justamente cuando el bloqueo entienda que se está preparado para encarar su origen. De todas maneras, aún me hago muchas preguntas, pero su ejemplo responde a varias, Regina.

La carpeta con los exámenes está en sus manos. Ella la guarda, y se acuerda de un detalle importante.

‒ Ahora que sabemos que estoy en plena salud, que ya no voy a robarles más a la enfermera favorita del hospital, me gustaría saber una cosa de usted, Gold. ¿Vendrá a nuestra boda?

Él se remueve en su silla y se ríe, mirando a las dos.

‒ Pues claro que voy. Si no me invitaran, me sentiría ofendido.

‒ Pues ya puede ir dejando libre su agenda a principios de mes, pretendemos hacer una pequeña reunión el día 5‒ completa Emma

‒ Ya está reservado para ustedes. Lo dejaré anotado y prometo que voy a ir a la boda. ¿Así está bien?

Gold habla, dejando realmente anotado que tiene una boda a comienzos del mes que viene. Cierra la agenda, suelta el bolígrafo en la mesa y se levanta de la silla, para ir a abrazar a las dos, un gesto cariñoso de felicidades.

En cuanto salieron de la consulta del neurólogo, Emma y Regina caminaron por los pasillos del hospital, con un torbellino de recuerdos en su mente. Desde el día en que la enfermera vio a Regina entrando en la habitación hasta el día en que abrió los ojos frente a ella. También aquella vez en que Regina recibió el alta y tomaron zumo de naranja en la cafetería. La madrugada en que Emma despertó con una llamada de Regina. El primer día de trabajo en la mansión. Los baños en la bañera que incendiaban los pensamientos de la señora Mills. Las veces en que Emma pensaba en Regina en aquel sofá que había en su sala. Los sentimientos brotando como una delicada flor que, apenas rozada, se desmorona. Cada una con sus particularidades, con sus pensamientos yendo lejos y un nudo en la garganta que decía más que las palabras.

BuryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora