No valía la pena estar pensando en la tragedia. A fin de cuentas, no se podía ir al pasado para arreglar las cuentas. Hace una hora que está de pie de nuevo, en el jardín, mirando las flores. Ya es tarde. Emma aprovecha para descansar lo que no pudo la noche anterior, pues Regina pensó que tenía que dejarla descansar más tiempo. Incluso se acostó con la enfermera después de haber amanecido, pero no pegó ojo y ya llevaba así más de 24 horas. Después de todo lo que había hablado con Emma, sabía que le debía una explicación a los Colter, a la familia de su exmarido, a aquellas personas a los que ella debía mucho de la fortuna que hoy tenía. Al menos eso. El dinero le sobra y felizmente ninguno de ellos la acusó de haber matado a su marido para quedarse con la otra parte de la fortuna. Eso no tendría el menor sentido. Pero Regina no sabía cómo, exactamente, le diría a la madre y al hermano de Daniel que era responsable de que él perdiera el control del coche y matado a los hijos. Quizás ella ha sobrevivido por esa razón, y ahora tenía ganas de seguir usando todavía la silla de ruedas para que tuvieran piedad hacia ella, cuando fueran a escucharla.
Emma despertó cuando no la encontró en la cama después de palpar el lado vacío, y corrió por la casa hasta llegar a Virginia que se ocupaba en la cocina. Tenía tanto miedo de que Regina desapareciera de repente, de nuevo, que todos sus sentidos estaban dirigidos a vigilarla para que no se escapara de sus manos. No durmió ni la mitad de lo que debería, pero el cansancio acabó venciendo la batalla, derribándola en un nockout. Cuando no notó el cuerpo de la amada cerca, se asustó lo suficiente como para abrir los ojos de par en par y sentarse en la cama como quien salía de una pesadilla. Emma se libró del edredón, se puso las zapatillas y corrió hacia fuera del cuarto, bajó las escaleras saltándose los escalones y fue derecha a la cocina. Virginia preparaba el almuerzo con tranquilidad, ya que la señora Mills no tenía hambre alguna, pero seguro que su enfermera/enamorada seguramente despertaría hambrienta. Pero Emma ni pensó en eso, quería saber dónde estaba la mujer y fue lo primero que preguntó al entrar.
‒ Virginia, ¿dónde está Regina?
‒ Está en el jardín, señorita. Estese tranquila, hace una hora que está allí, y lo único que ha hecho es caminar entre las plantas‒ dice la empleada, señalando el camino que llevaba hasta la patrona.
Emma salió por la puerta que tenía al lado y suspiró aliviada. Regina estaba sentada en el balancín que había sido construido para los hijos. Se había colocado una pequeña rosa tras la oreja derecha y preparaba otra, como si todo lo que había sucedido unas horas atrás ya no la estuviera afectando. A pesar de las ojeras, que llamaban la atención, y la palidez excesiva, Emma supo que estaba bien cuando se acercó a ella. Regina la vio antes de que pudiera sentarse a su lado en el columpio de la izquierda, y sonrió de labios cerrados, sabiendo que se llevaría una pequeña bronca de la rubia.
‒ Buenos días, querida‒ Mills le señaló el sitio a su lado para que Emma se acercara.
Emma se detiene y frunce el ceño.
‒ ¿Por qué no me despertaste? Casi muero del susto.
‒ Pensé que necesitabas descansar, mi amor. No pude pegar ojo después que nos echáramos, me di cuenta de que estabas muy cansada y te dejé algo más en la cama. Ven aquí, sienta.
La rubia finalmente se sienta, observa a Regina, que, en ese mismo instante, pone la rosa que manipulaba detrás de su oreja, apartando los cabellos que comenzaban a enredarse en el hombro. Emma era bonita para Regina, no solo por las cosas que le decía o enseñaba, sino en la forma de preocuparse, de parecer tan segura incluso cuando el mundo parecía que iba a derrumbarse. Regina la mira como si le debiese la vida a esa mujer. Le acaricia el rostro, queriendo decirle lo muy enamorada que estaba de ella. Tras haber escuchado de boca de la enfermera que era su sol naciente, le era irresistible no querer saltar a su cuello cada vez que la veía o le demostraba su amor. En verdad, Regina había tomado una decisión mientras Emma dormía: salir de la mansión donde vivía y comenzar otra etapa en su vida. Aún no estaba segura si saldría bien, si compraría otra casa o si Emma aceptaría irse con ella a un sitio más tranquilo, pero ahí, ella ya no podía vivir más, no con el peso que cargaba la mansión. Regina estaba aprovechando los últimos momentos en el jardín en donde poco había estado en aquellos años y quizás ahora pudiera cuidar de un nuevo jardín, en una casa más pequeña con Emma. No sabía cómo le contraria a la rubia lo que estaba planeando, así que dejaría que los días pasaran hasta consultar con su ama de llaves, Cora, y saber qué pensaba ella de la idea. Mientras, solo queda aprovechar el tiempo con Emma y contar con ella para vivir lo que había aprendido leyendo los libros de autoayuda sugeridos por Sidney.
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Bury
FanfictionCuando Regina Mills sufre un trágico accidente, su marido y sus hijos mueren, y ella pierde su memoria. Al despertar del coma, dos meses más tarde, la empresaria intenta recuperarse poco a poco del trauma, dándose cuenta de que incluso antes del fat...
