El sol naciendo

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Hay tantas cosas que necesitan ser dichas. Tantas piezas que faltaban en el puzle de la mente de Regina Mills en su búsqueda de la libertad. Ella era libre, no por completo. Tenía pedazos de cristal en su garganta desde el día en que había perdido al marido y los hijos. Se deslizaban pecho abajo y hacían sangrar y doler su corazón en silencio. Así era como estaba viviendo. Si no fuera porque Emma estaba con ella desde el principio, sentiría el dolor y aún estaría presa, sobreviviendo con la ayuda de aparatos. Regina encontró las piezas que faltaban en el puzle y necesitaba encajarlas con urgencia.

‒ Calma, mi amor‒ Emma susurra cuando le ofrece sus brazos para que se acurrucara y detuviera la sangre de una herida abierta durante meses.

Regina mira a Emma, percibe que está viva y que su descubrimiento había traído todo a la superficie, hasta destellos de recuerdos ridículos de quién era. Siente vergüenza, pero alivio por haber cambiado. Estaba exactamente dónde debería estar, en el abrazo de la enfermera de la que se había enamorado y de repente, se dio cuenta de que, si el accidente no hubiera ocurrido, no habría conocido a Emma, no habría desarrollado sentimientos tan profundos como los que sentía hacia Daniel. Sabe que todo está bien, que está viva, que había sobrevivido y que necesitaba enfrentar una culpa que venía negando desde el momento en que había escuchado el propio grito cuando se había perdido el control del coche.

Emma la lleva dentro de la casa. Le pide a Virginia que prepare una tila o algo que haga que el corazón de Regina se calme, pues incluso ella consigue sentir el pecho disparado de la mujer. Es como si Regina estuviera exhausta. Como si acabara de regresar de hecho del mismo momento del accidente. Le pasa un brazo alrededor a la amada, caminan juntas, lentamente. Emma duda en si escuchar toda la historia- pero tampoco puede evitar querer escuchar todo lo ocurrido-como desde el momento en que Cora la instigó a pensar que Mills era la principal culpable. Luchó tanto para que aquel momento no llegara, y sin embargo parecía que Regina había descubierto sus sospechas a la primera distracción que había tenido. Emma había tenido días para hablar con ella y nunca reunió el valor. Pero quizás, por el semblante de la morena, nada de lo que sospechaba era verdad. De cualquier manera, sentía a Regina letárgica, aguantando el mundo sobre sus hombros.

La tila estuvo lista rápidamente y Regina la bebió, aunque podía quemarle la garganta. Apenas siente el calor del líquido, no quiere saber, solo bebe sin apenas mirar el contenido de la taza. Virginia y Emma intercambian miradas de susto. Nunca habían visto algo como eso.

‒ Señora...Está caliente, tenga cuidado

Pero Regina no hace caso al consejo de la empleada. Al percibirlo, la mujer mira a Emma como si ahora ella fuera la que tuviera que decirle qué hacer. Swan suspira ante Regina, mira de nuevo a la empleada ansiosa y asiente

‒ Vaya a acostarse, Virginia. Gracias por haberme llamado. Vaya a descansar, yo me encargo de todo.

‒ Buenas noche, entonces‒ responde la muchacha, retirándose

‒ Buenas noche‒ Emma espera a que entre en su cuarto y se gira a mirar a Regina que, a aquellas alturas, ya se había bebido más de la mitad de la taza de tila. Está mirando sus propias manos y ese acto no le causa buena impresión a la rubia.

Swan tiene el cuidado de apartar los cabellos del rostro de la señora Mills. Incluso con la media luz de la sala las cicatrices en el lado del rostro estaban expuestas. Todo conspiraba para que se enterara por fin de lo que había sucedido la noche del accidente. Emma se apartó al ver las líneas marcadas en el rostro de Regina, acordándose de cuando fue llamada para comprobar el estado de la paciente del cuarto 340. Era Regina la paciente. Recuerda el trauma en el rostro de la mujer, de cómo rezaba para que el rostro tan bonito de aquella mujer no quedara marcado profundamente por las cicatrices. A veces, Emma no veía los detalles que el accidente había dejado en el rostro de la morena. Era otra historia, otro rumbo que Regina había seguido y el maquillaje actuaba muy bien en esas horas.

BuryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora