parte 3

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-Si- asegure. Su rostro mostro alivio. Pero todo era una mentira, una gran mentira. No estaba bien, para nada bien.

-Vamos entonces- dijo, colocando su sobre mi espalda y empujadome hacia la tarima.

Ella subió primero para presentarme. Cerré los ojos y respiré profundamente. Antes de subir recordé las palabras de Sander: “Yo estoy aquí para ayudarte”

La dirigente me presenta. El público aplaudió, subí a la tarima con el peso de mil kilos de nervios. Me coloque frente al micrófono y comience a hablar, concentrándome en el discurso. Todo iba bien hasta que se me olvidó el nombre del hermano del fundador. Para ganar tiempo improvise algunas palabras mientras intentaba recordar el estúpido nombre. Creo que empezaba con N.

“Mierda, mierda” “Sander, ¿dónde estás? 

¡ADIRAAA! ¡TUU PUEDES! - grito una voz

Todos los invitados voltearon hacia la señora que gritaba como loca. Cuando miré para ver quién era la señora, no pude evitar sonreír; era mi Nana. Nuestras miradas se conectaron, pero paso algo extraño, la expresión de Nana cambio de repente y comenzó a llorar. La miré, confundida. No entendía por qué lloraba. Luego me di cuenta que su llanto era de felicidad, pero igual seguía sin entender del todo. Entiendo que este feliz por mí, pero tampoco es para llorar ¿no?

De repente un fuerte viento sacudió el lugar, haciendo caer algunas copas vacías y tirando las servilletas al suelo. Pero a la gente no le importo porque estaban ocupados mirando hacia el cielo, contemplando el increíble espectáculo. Yo también quede asombrada. Nunca había visto algo igual y por las caras de los demás, deduje que ellos tampoco.


Por todos lados caían cientos de pétalos rosados. Era como una lluvia, pero en lugar de agua, descendían pequeños pétalos. La gente se olvidó de Nana, de sus gritos, de mí; de todo. Sacaron sus teléfonos para grabar aquel momento tan mágico.

Al ver tantos pétalos caer, recordé tu linda sonrisa, tus ojos negros, el olor de tu cabello; tu risa escandalosa. Parada frente a toda esa gente, pude sentirte de nuevo como aquellos días.

−Nnamdi Oduamadi- susurro Sander en mi oído, haciéndome volver a la realidad. Hasta había olvidado que estaba dando un discurso.

¿Nnamdi Oduamadi? con razón se me olvido ¿Quién diablos se llama así? O, mejor dicho, ¿Quién diablos llama a su hijo así?

−En 1987, Nnamdi Oduamadi decidió comprar un terreno en Rusia- dije, retomando el discurso de nuevo. El público dejo de mirar al cielo y volvió a prestarme atención. Esta vez no estaba nerviosa. Me sentía segura ¿Por qué será? La respuesta era simple: Ya no estaba sola
El discurso termino, y las personas comenzaron acercarse para felicitarme. Nana estaba llena de orgullo. Es raro que lo diga, pero me sentía feliz. Y desee con todas mis fuerzas siempre sentirme así.

La ceremonia transcurrió con normalidad, hasta que finalmente llego el momento de marcharse. El camino a casa fue tranquilo; Nana no paró de hablar de lo maravilloso que había sido el evento y sobre el misterio de los pétalos. Así lo nombraron. La coordinadora negó haber sido responsable de eso. Entonces, ¿Quién fue el responsable?  Pues la respuesta se encontraba en el balcón de mi cuarto, esperándome.

Llegamos a la casa. Nana se puso a buscar el lugar perfecto para colocar el centro de mesa que se robó. Yo fui directo a mi cuarto; necesitaba hablar con él, necesitaba verlo.

−Sandar−dije, abriendo las puertas del balcón. Hoy la noche estaba más hermosa que de costumbre.

−Aquí estoy−dijo, sentado sobre la barandilla, mirando al cielo.

−Cuidado, te puedes caer.

El lanzó una pequeña risita

−Sabes que puedo volar−replico, divertido, con una chispa burlona en la mirada.

Una pequeña sonrisa asomo en mis labios.

Sander se quedó mirándome fijamente, sus ojos brillaban. Su boca se entreabrió antes de que una sonrisa llena de admiración tomara su lugar.

− ¿Qué pasa? – pregunte, confundida por su expresión.

−Tu…, −dijo, sin apartar la mirada−. Acabas sonreír.

− ¿Y eso que? No es como si fuera la primera vez que sonrió. Siempre lo hago.

−Es verdad que no es la primera vez que sonríes, pero es la primera vez que te veo sonreír de verdad.

− ¿De que hablas?

−De que todas tus sonrisas son falsas–dijo de forma impulsiva. Al darse cuenta de lo que acababa de decir, cerro la boca enseguida y agacho la cabeza; su rostro expresaba arrepentimiento−. Lo siento yo no debí decir eso.

−Gracias− susurre.

−¿eh?

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Hola personitas lindas
Aquí les traigo otro capítulo de mi libro. Este es el capítulo que más me ha gustado escribir. 😭

Ha soñado con esta escena un monto de veces y espero que sea de su agrado
Muchas gracias por su apoyos
Nos vemos con otro cap

tu sonrisa Donde viven las historias. Descúbrelo ahora