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🤍Dakota Collins🤍

Las palabras se traban en mi boca. No es la primera vez que hablo con alguien sobre esto, lo hice con Maya, pero ella no es Carl. Ella debía entenderme de cualquier modo, pero este chico frente a mí, de ojos verdes puede salir corriendo en cualquier momento.

Y eso es precisamente lo que me aterra.

No pensaba comentarle nada por miedo. Si lo pierdo no sé cómo voy a salir de ese fondo, y esta muy mal de mi parte decir esto, pareciera que dependo emocionalmente de alguien, pero cuando tú vida ha sido una montaña rusa comienzas a aferrarte a los pequeños momentos de felicidad.

Al fin Carl y yo estamos juntos y pensar siquiera en que todo se desmorone me hace volver a preguntarme si debo comentarle esto, pero ya no puedo seguir ocultándolo.

Respiro hondo.

— Carl, ¿Recuerdas cuando me entró un ataque de ansiedad el día de visitas en la clínica?

— Si. Me contaste lo qué pasó con tu padre. — Asiento.

— Te dije que había encontrado a mi padre engañando a mi madre, pero eso no era todo, él estaba acostándose con mi mejor amiga de aquel entonces. — El chico abre los ojos como platos. — Me dolió muchísimo ver eso, no me lo podía creer y en ese momento vi solamente rojo. — Una pequeña lágrima me baja por la mejilla. — Tuve un fuerte arrebato compulsivo y terminé haciéndole daño a la chica.

— ¿Que le hiciste?

Sé que esto será un antes y un después en nuestra relación.

— Tomé lo primero que vi y se lo lancé al rostro. Resultó ser un vaso de agua que le produjo un corte en su cara. — Los sollozos salen de mi boca. — Yo no quería lastimarla, pero en ese momento perdí los papeles.

— Tranquila ricitos.

— Carl, yo no quiero hacerte daño, pero y si me sucede algo como esa vez, ¿Y si te lastimo?

— Eso no va a pasar.

— No lo sabes.

— Dakota, Mírame. — Mis ojos se pierden en la esmeralda de los suyos. — Eso no va a suceder, tú eres la persona que me hace feliz, solo puedes lastimarme si me dejas.

— Yo no te dejaría.

— Entonces no hay nada más que hablar.

— Pero lo que sucedió...

— Ricitos, tú no tuviste la culpa, si yo hubiese visto algo parecido mi padre hubiera terminado en el hospital tras una paliza. Tú solo actuaste por el dolor y el impacto. No te culpes de lo que le sucedió a esa chica, ella se lo buscó. — Carl me abraza con fuerza. — ¿Sabes? Mi padre nos abandonó cuando yo era muy pequeño. Era débil en ese entonces, solo lloré cuando lo vi salir por la puerta de casa, si eso me sucediera ahora mi reacción sería diferente, también actuaría desde la rabia.

— Lo siento, no sabía lo de tu padre.

— Tuve mucho miedo al rechazo, tal vez por eso nunca me había enamorado antes pero luego llegaste tú.

Esas palabras me iluminan el alma. Sin esperar un segundo más pego mis labios a los suyos en un profundo beso. Un beso tierno, cargado de sentimientos y que sana las heridas que guardo en mi interior desde hace mucho tiempo.

No pasa mucho tiempo antes de que la boca de Carl se volviera más exigente, hundiendo su lengua en busca de una respuesta que rápidamente recibió de mi parte. Un gruñido se escapa de su garganta cuando nuestros cuerpos se unen.

El sonido de las nubesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora