💙Carl Jones💙
La luz brillante entra por las ventanas del cuarto de mi chica. Anoche me quede en su casa y vimos algunas películas, me obligó a ver la saga de Piratas del caribe, según ella es la mejor que existe. Realmente mentiría si dijera que son malas, pero la verdad es que prefiero mil veces El señor de los anillos.
A un lado tengo a mi novia y al otro tengo a Piplu. Esa gata es de lo peor. Se ha colado con sumo descaro en la habitación. Lamentablemente no pude echarla, es muy adorable, al igual que su dueña.
El cabello enmarañado de mi chica es movido por sus delicadas manos al estirarse. Se ve preciosa recién levantada.
— Buenos días. — Me saluda con una sonrisa derritiéndome en el proceso.
— Buenos días ricitos. — Beso su mejilla regordeta.
— ¿Te quedas a desayunar?
— No, debo salir rápido al estudio, hoy grabo ELÉCTRICOS.
— Cierto, amé la canción.
Ayer además de ver películas juntos también le mostré la nueva canción para mi último álbum. Siempre es la primera en escuchar mis creaciones.
— Eres mi fan, lo sé. — Ella levanta una ceja.
— No voy a negarlo, pero no te creas tanto.
— Dejaré que seas la presidenta de mi club de fans.
— Habló el que me escribe canciones.
— Touché, vale, has ganado. — Digo mientras me pongo la ropa.
— No te deprimas, si te es de consuelo para mi escucharte cantar es como escuchar las nubes.
— Las nubes no provocan sonidos ricitos. — Beso sus labios como despedida.
— ¿Quién dijo que no? Ellas danzan al ritmo de la paz.
— Se me olvidaba que tú ves la vida de forma diferente. Nos vemos cariño.
Salgo de casa de Dakota hacia mi apartamento. Llego en poco tiempo, gracias al cielo no vivimos tan lejos, eso me ayuda para así ir en algunas noches y quedarme con ella.
Estos días a su lado han sido una maravilla. No mentiré, me saco un poco de onda el hecho de que me sincerara con ella y no recibiera respuesta. Para mi decirle TE AMO a alguien no era un juego, jamás he sentido algo así por una persona. Supongo que tal vez no se siente preparada para decírmelo o simplemente no lo siente aún.
Sé que ella es una chica diferente, no pienso presionarla.
Entro en la ducha, me doy un baño rápido y desayuno unas tostadas con jamón y un jugo de piña para luego dirigirme al estudio.
Al entrar me encuentro con Emma y Brian, el productor musical.
— Al fin llegas.
— La estrella se hace esperar. — Brian sonríe y choca su mano conmigo.
— No seas fanfarrón.
— Lo sé, me regañas más que mi madre, que ahora que lo pienso tengo tres mujeres en mi vida bien mandonas.
— Deberías agradecerle a la vida de tener a estas mandonas.
Y la realidad es que tiene toda la razón. Si no fuera por ellas mi vida no tuviera sentido, seguiría siendo un idiota consumiendo drogas y alcohol, sin ningún propósito en mi vida.
Gracias a mi madre y Emma fui a la clínica y gracias a Dakota cambié mi forma de pensar. También mi hermana tiene que ver pero ella no ha desarrollado el rasgo de mandona, aún.
— Bueno, deja al chico relajarse, él ya es mayorcito. — Comenta Brian.
Me dirijo a la cabina de grabación. Sobre mis oídos posiciono los cascos donde la música se reproduce de forma detallada y comienzo a cantar.
La tranquilidad me recorre el cuerpo y siento como mi mente se relaja. Es como la meditación, pero un poco más movida.
Así se pasan las horas donde repito la canción unas 10 veces hasta que Emma me llama desde el otro lado del cristal mostrando mi teléfono, me llama la madre de Dakota.
Recuerdo que hace unos días me pidió mi número para así estar segura sobre su hija. Es un poco raro que me esté llamando.
Salgo de la cabina y tomo la llamada.
— Carl, ¿Dakota está contigo?
— No, yo estoy grabando una canción de mi próximo disco. ¿Ella te comentó que saldría?
— Dakota ha salido en la mañana al súper y no ha regresado, le he llamado y no contesta el móvil, estoy muy preocupada Carl ya casi está a punto de anochecer. He llamado a Gabriela y tampoco está con ella. — Esto último me hace preocuparme.
— Tranquila, yo la buscare. — Cuelgo la llamada.
— ¿Qué sucede? — Pregunta Emma.
— Dakota a desaparecido, necesito que me ayudes a contactar con ella, por favor.
— Esta bien, déjame eso a mí, pero ¿A dónde iras Carl? — Me pregunta al verme sosteniendo el mango de la puerta.
— ¿Crees que voy a quedarme de brazos cruzados mientras mi novia esta pérdida? – salgo corriendo y me monto en el coche.
Comienzo a ponerme de los nervios cuando enciendo mi auto y no se hacia dónde ir. Conozco a mi chica y ella no sale por ahí sin avisar.
Le ha sucedido algo, estoy seguro.
Un mensaje me hace desviar la mirada de la carretera y tragar grueso.
Es una foto de Dakota amarrada a una silla junto al mensaje:
Tenemos a tu chica, si sabes lo que te conviene no avisaras a nadie, vendrás solo a esta dirección.
Pongo la ruta en mi coche sosteniendo el volante con fuerza, si le sucede algo a Dakota no voy a responder.
¿Quién carajos se atreve a lastimarla?
Ella es maravillosa, no hay forma de que tenga enemigos. Mi cerebro hace click.
La chica que me comentó Dakota.
¿Y si busca venganza por lo sucedido con ella?
No, no, no, es absurdo.
Dakota no es una simple chica, puede comenzar con un ataque de ansiedad por estar encerrada. Puede echar a perder todo el avance que tuvo en la clínica.
Doblo por una carretera desolada donde la vegetación a pesar de la oscuridad de la noche se ve seca y deprimente.
Manejo a toda velocidad para llegar lo más rápido posible pero antes de frenar un auto en dirección contraria viene hacia mi.
Intento esquivarlo con todas mis fuerzas, no logro hacer nada, antes de virar el coche veo una luz blanca cegándome por completo y siento un fuerte golpe para luego volar por el aire y ver todo negro.
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El sonido de las nubes
RomanceLa música ha sido lo único que me ha tranquilizado en mis fuertes recaídas. Siempre que la voz de Carl Jones acariciaba mis oídos mis ataques de pánico, temor y obsesión salían de mi cuerpo mediante la canción se reproducía. El era mi cura pero se c...
