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🤍Dakota Colins🤍

Cierro los ojos por inercia esperando de forma impaciente que Carl pegue sus labios a los míos.

Desde que despertó en el hospital solo he querido abrazarlo, besarlo y decirle lo mucho que le quiero, pero eso solo le incomodaría.

Pasan unos segundos y abro los ojos para encontrar esas esmeraldas penetrándome con fuerza.

— Perdón, es solo que no sé qué me pasa. — Carl toca su cabello castaño. — Debe ser un momento complicado para ti, después de todo soy tu novio y yo ni tan siquiera te recuerdo.

— No te preocupes, para ti es más difícil aún. — Necesito romper este momento tan incómodo por tanto digo lo primero que se me ocurre. — ¿Te aparece ver una película?

— Sí, claro.

Salimos juntos de la habitación y recojo la mesa del comedor donde tenía mi ordenador y algunos apuntes.

Hace unas semanas volví a recuperar mis estudios, al entrar a la clínica tuve que dejarlos.

Prefiero terminar el instituto online ya que no me gusta estar rodeada de personas, mi ser no se lleva muy bien con la presencia de varios seres humanos mirándome o hablando en alto, supongo que se deba a mi trastorno. Aunque ahora mismo esté calmada hay cosas que nunca cambiarán.

Recojo la mesa y prendo la TV.

— ¿Que peli te apetece ver?

— La verdad es que no recuerdo muchas.

Pongo mi mente a pensar y recuerdo que la saga favorita de Carl es El señor de los anillos.

Sé que te gustará esta saga. — Pongo la primera película y mientras tanto camino a la cocina para hacer palomitas.

Describo al chico que tanto me gusta como mira con amplia curiosidad la pantalla del televisor. Lleva el cabello castaño despeinado, algunos mechones caen sobre su frente. La sudadera azul cubre sus brazos, pero las pequeñas letras oscuras grabadas en su piel sobresalen en el cuello.

Una leve sonrisa se le escapa y yo sonrío después de forma automática. Su sonrisa me llena el alma, esa sonrisa que vi el día que se presentó al concurso siendo apenas un niño.

¿Quién lo diría?

Hoy en día estoy en su apartamento, esperando a que se hagan unas palomitas de maíz para ver su saga favorita. Parece perfecto el plan, pero la realidad está muy lejos de eso, porque, aunque yo recuerde cada tacto, beso y mirada que me ha dedicado este chico él no recuerda absolutamente nada.

— Dakota, Ven. — Toca el sofá a su lado.

Que me llame por mi nombre se me hace muy raro.

Hace unos minutos cuando me llamó ricitos creí que me había recordado y me sorprendió más aún cuando noté que solo había sido su conciencia.

Me acerco a Carl junto con el tazón de palomitas. Ambos comemos mientras la película se reproduce.

Una hora después el sueño me gana y mis ojos se cierran.

***

Siento algo pesado a mi lado. Me levanto y noto que son los brazos de Carl. Al parecer nos hemos quedado dormidos juntos viendo la Tele.

Disfruto de los últimos momentos que estaré a su lado de esta manera y acaricio su pelo con delicadeza para que no se despierte.

Murmura algo en sueños y retiro mi mano con rapidez de los mechones de cabello castaño.

— Buenos días. — Nota como nos encontramos y se acomoda de forma brusca. — Lo siento. — Se toca el cabello apenado.

Es tan raro ver a Carl de este modo, el verdadero Carl jamás se avergüenza, sólo lo vi así el día que me pidió que fuera su novia.

Me arde el pecho cuando los recuerdos acarician mi mente.

Extraño tanto a mi Carl.

— ¿Que querrás para desayunar? — Pregunto para ocupar mi mente en otra cosa.

— Lo que desees.

— Haré panqueques.

— Perfecto. — Me pongo con el desayuno mientras Carl me observa desde el sofá. — ¿Quieres que te ayude?

— No es necesario.

— No tienes que hacerlo todo tú. — Su mano toca la mía en una sutil caricia y me quita el huevo que estaba a punto de romper.

Ese mínimo roce hace estremecerme.

— Vale.

Dejo a Carl rompiendo los huevos y yo me dirijo en busca de la harina.

La dejó caer sobre el bol y de pronto veo a Carl acercarse y soplar la harina. Siento las carcajadas de mi chico y como todo el polvo blanco me cubre la cara.

— ¿Pero serás idiota?

— Lo siento, es que sentí la necesidad de hacerlo.

— No te saldrás con la tuya. — Tomo el bol y se lo tiro en la cabeza llenándolo de harina a él también.

Ambos nos reímos como tontos al vernos empanizamos.

La puerta principal se abre y entra la madre de Carl junto a su hermana y nos miran sin entender nada.

— Intentábamos hacer el desayuno.

— SE PARECEN A MITSI. — Grita Carly, la hermana de Carl.

— ¿Quién es esa? — Pregunta Carl.

— ¿No has visto Camp Rock? — Preguntamos Carly y yo al unísono.

— Bueno, tal vez si, no lo recuerdo.

Bajamos la cabeza con tristeza, a veces se nos pasa el detalle de que Carl no se acuerda de nada.

— Niños vayan a darse un baño, yo les preparo algo de desayunar. — Nos comenta la madre de Carl.

Ambos asentimos.

Abro el grifo de la ducha y espero a que el agua salga caliente. Entro para limpiar todo rastro de harina en mi piel y me restriego bien mi cuerpo con una esponja. Aún necesito limpiar mi cuerpo en exceso, el hormigueo me come viva si no lo hago.

Mientras el jabón cubre cada espacio de piel sonrío como una niña al recordar el pequeño momento que tuve con Carl. Fue increíble, todo fue como si volviéramos a ese momento donde nos conocimos.

La diferencia es que en ese entonces yo era una persona muy distinta. Encerrada en mi misma y desconfiando de todos.

Seco bien mi cuerpo y luego me visto con un vestido de flores blancas.

Salgo con las toallas en la mano lista para desayunar, el olor se expande por todo el apartamento provocando rugidos en mi estómago vacío.

Me siento junto a Carl que también salió recién bañado con el cabello húmedo.

El timbre suena, supongo que sea Emma.

— Yo voy niños, ustedes desayunen tranquilos.

Un estruendo me sobresalta, un vaso se ha caído. Volteo a ver a la madre de Carl la cual se encuentra pálida.

— ¿Papá? — Pregunta Carl dejándome helada en mi mesa.

El sonido de las nubesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora