24

136 18 0
                                        

🤍Dakota Collins🤍

Mis ojos se abren de sopetón. Siento un mareo horrible, pero sobre todo un dolor fuerte en mi pecho. En mi garganta se acumulan las ganas de vomitar, además me es imposible moverme, me encuentro atada a una silla.

¿Quién rayos me hará hecho esto?

Había salido a comprar los ingredientes para unas galletas que deseaba hacerle a Carl y de pronto sentí cómo taparon mi rostro con algo húmedo que provocó que perdiera la conciencia.

— Por lo que veo ya se ha levantado Blanca Nieves. — Esa voz.

— Bonney.

— La misma que canta y baila. — Sonríe. — No pensabas que te ibas a salir con la tuya ¿Verdad? Viviendo una vida perfecta, con amigos y con el chico de tus sueños mientras yo me despierto cada día con una cicatriz en mi rostro.

— Sabes que lo siento Bonney, sabes que no estaba en mis cabales cuando hice eso, pero tú también provocaste todo.

— Eres una estúpida, si me follaba a tu padre era porque él me daba dinero para muchas cosas, pero ¿Que vas a saber tú? Siempre lo has tenido todo.

— Puede que tenga dinero, pero jamás gocé de una salud mental, confié en ti porque eras la única persona que se acercó a mí, sin embargo, solo me utilizaste.

— Claro que lo hice, ¿Quien quisiera estar al lado de una loca?

Esto último hace que piquen mis ojos por las lágrimas. Debo ser fuerte, no puedo darle el gusto de verme hundida.

Puede que en ese entonces no tuviese amigos, pero ahora si los tengo, se preocupan por míy me apoyan.

— ¿Que ganas tú con todo esto?

— Vengarme y unirme a una persona que también buscaba lo mismo que yo. — Arrugo la frente. — ¿Que? No iba a hacer el trabajo sola.

Justo ahí es cuando siento pisadas y mis ojos se encuentran con un rostro que no me imaginaba ver aquí.

— ¿Rylan? — Pregunto sin poder creérmelo. — Pero si tú eres amigo de Carl.

— Amigo dice. — Se ríe provocándome arcadas. — Ese imbécil no es nada mío.

— Para el sí eras un amigo.

— Eso fue lo que le hice creer princesa, pero la realidad es muy distinta.

No puede ser.

¿Cómo es posible que hayan llegado tan lejos?

— Los dos dan asco. — Ambos se ríen.

— Asco va a dar tu novio cuando su cuerpo comience a pudrirse. — Una punzada viene a mi pecho.

— ¿De qué estás hablando?

— He contratado a una persona para que choque el carro de Carl. — Dice Rylan. — Tú amorcito ya debe estar en el cielo.

No, no, no.

El sonido de las nubesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora