XXIV

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El grupo de cuatro iba caminando tranquilamente a la cafetería, con las dos mayores agarradas de las manos y hablando tranquilamente, mientras que las otras dos se sentían pesadas a lado de la otra, era sorprendente que hace unas semanas no se pudieran separar y ahora sentían incomodidad.

Aunque Danielle aún seguía tratando de estar cerca de ella, hablar como antes, incluso añadió canciones dolidas a su playlist, cosa que Haerin noto porque todos los días la escuchaba; solo hizo que se sintiera peor con sus sentimientos, que supiera que no solo la estaban afectando a ella.

Al llegar a una mesa se sentaron y Haerin se ofreció a ir por algunas golosinas.

—Ush, que flojera — Minji estiró sus brazos en la mesa y se acostó su cabeza sobre esta, con la mirada de su pronta novia en ella.

—¿El que?

—Hay junta, ni siquiera entiendo para que la hacemos si nada mejora.

A pesar de que la australiana estaba atenta a los movimientos de Haerin, escuchó la conversación de su mejor amiga.

—¿A qué hora es?— pregunto al no contener sus ganas de saber lo que haría Haerin.

Minji levantó su cabeza y la vio con burla.

—¿Desde cuándo te importan esas cosas?

—Solo es curiosidad.

—Si tú lo dices, es en la próxima hora.

Justo en ese momento llegó la otra chica con el desayuno de todas, unas galletas y una lechita de sabor para cada una. Después se sentó más cerca de Hanni que de Danielle.

Para la pareja era incómodo que sus amigas estuvieran así, no sabían cómo controlar esa situación. Parecía que Haerin realmente no quería estar ahí, y a Hanni eso le preocupaba, más que lo que estaba pasando con Danielle, porque a pesar de todos los años de conocerla y saber que era una persona reservada, jamás había visto a su amiga actuar así.

Hablaron de cosas banales, sin sentido, solo para aliviar un poco el ambiente espeso que se sentía. Cuando por fin las cuatro parecían inmersas en la conversación el timbre sonó. Haerin, como en las últimas semanas, se levantó primero, estaba a punto de irse, pero recordó algo y paro en seco. Las esperanzas de Danielle aparecieron con la idea de que Haerin la estaba esperando, pero vio que solo estaba esperando a que sus amigas se despidieran y que Minji estuviera a su lado para irse. Ni siquiera de despidió.

A Danille ya no le sorprendía ese comportamiento por parte de su Kitty, pero aún se seguía decepcionando. Hanni llegó a su lado y entrelazó sus brazos.

—Dale tiempo, ¿sí?

Asintió con la cabeza y fueron a su aula.

...

Al fin Minji le había contestado sus múltiples mensajes preguntando cuándo acabaría la junta. Al tener una confirmación de que estaba a punto de acabar pidió permiso para salir al sanitario y salió casi corriendo con dirección a la sala de juntas. Ya casi llegando se encontró a su amiga, se dirigió a ella y le preguntó por Haerin.

—Ya viene, se quedó ayudando a arreglar un material — Danielle iba a volver a correr, pero la mano de la otra sosteniendo su muñeca la detuvo —. Oye, he estado pensando, y, bueno, creo que es mejor que le des tiempo a Haerin, igual y necesita espacio.

—¿De qué hablas? Solo estoy tratando de arreglar las cosas.

Se soltó bruscamente del agarre.

—Solo piénsalo.

Y ambas se fueron a direcciones contrarias.

En el momento en el que Danielle llego al lugar en el que tanto ansiaba estar escuchó algunas voces así que espero afuera del salón.

—Estás haciendo un gran trabajo — reconoció la voz del subdirector —. Nunca creí en que podría mejorar, pero gracias a ti, Haerin, su promedió está mejorando.

—Pero-

—No, nada de peros. Estamos muy orgullosos de ti. Te daremos una carta de recomendación, a tú mamá le encantará.

—Está bien. — Danielle pudo descifrar un toque de tristeza y cansancio en la voz de la chica que buscaba.

—Por cierto, ¿crees que Danielle se dé cuenta que nada más te acercaste a ella por nosotros? Porque se ve que te tiene mucho cariño, sería feo que se enterará que sus calificaciones mediocres fueron la causa de tu cercanía.

Haerin suspiró, y de la nada las dos personas que se encontraban dentro del salón escucharon un sollozo. La menor se dirigió a la puerta y vio a la chica por la que se moría allí.

—Danie... — intentó tomar su brazo, pero Danielle salió corriendo.  

Basorexia (Daerin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora