XXV

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—Creo que ya se enteró — el subdirector rompió el silencio que se había creado ya hace bastantes minutos, pero al ver la incomodidad y tristeza de la chica aclaró su garganta — Una disculpa, Haerin. Puedes irte a tu salón cuando acabes — Y se fue.

Haerin no sabía ni que pensar, ella ya hasta había olvidado la razón del porqué se acercó y, en realidad, hasta estaba encantada con la castaña. Sabía que no iba a ser fácil volver a estar cerca de su chica y menos con las actitudes que últimamente había tomado con ella, debía hacer algo rápido, antes de que fuera tarde.

Limpió sus lágrimas y terminó de arreglar la sala, y salió con dirección a su salón, con la esperanza de que Danielle estuviera ahí, pero, como ya había esperado, no se encontraba dentro de él, ella ni Minji. Buscó con la mirada a su amiga y al hacer contacto visual vio la preocupación en sus ojos y quiso volver a llorar.

Espero a que las clases acabaran y salió corriendo, pudo notar a Minji en la puerta de la escuela, pero se encontraba sola, aun así, fue con ella y la tomo del brazo para llamar su atención, pero cuando la mayor se dio cuenta de quien se trataba separó su brazo con tanta fuerza que casi hace caer a Haerin.

—¿Qué quieres?

—¿Dónde está Danielle? — su voz salió quebrada y con tal desesperación que Minji se sorprendió, pero recupero la compostura.

—¿Esto también lo haces porque te lo dijeron los directivos?

—Minji, por favor...

—O niega que no acercaste a ella por eso.

Al no escuchar respuesta por parte de Haerin, la morena se fue, dejándola sola. Entonces fue a casa de Danielle. En todo el camino se repitieron sus pensamientos, el arrepentimiento y el miedo de perder a Danielle.

Cuando al fin llegó Olivia abrió la puerta y la miro con tristeza.

—Pasa — se hizo a un lado y la acompañó a la sala — ¿Que sucedió, Haerin?

—Yo... no lo sé, hice algo que la lastimó y ahora no sé cómo arreglar las cosas.

—¿Es cierto? — Cómo no hubo sonido alguno volvió a hablar — ¿Es cierto que no te acercaste por ti, sino por... ellos? — dijo refiriéndose a los directivos.

—Lo es, en cierta parte. Ellos si me lo pidieron, pero no me acerque a ella por eso. Yo ya no sabía que más hacer para que ella subiera de promedio, entonces, muy aparte de lo que me pidieron, empecé a hablar con ella, de una manera más amigable, por así decirlo. Pero yo la quiero, en serio.

Ambas se quedaron en silencio, escuchando la respiración de la otra con la cabeza baja.

—¿O sea, no te acercaste a ella como te pidieron?

Haerin negó con la cabeza.

—Ellos si querían que fuera su amiga, pero esperaban más como una tutora. Querían alguien que la ayudará a estudiar, le enseñará, no lo que ella y yo hacíamos.

—Habla con ella. Dile toda la verdad.

—¿Ella está aquí?

—En su cuarto.

Haerin, a pesar de las pocas veces que había estado en esa casa, conocía demasiado bien su estructura y sabía dónde estaba el cuarto de Danielle, así que se apresuró a subir. Tocó la puerta y la abrió.

—Liv, por favor, necesito estar sola. No estés aquí.

—Olivia está abajo, Danie.

Danielle se sentó en su cama tan rápido como pudo y la vio a los ojos. Sus ojos rojos y su cara hinchada eran la clara muestra de que había estado llorando toda la tarde.

Basorexia (Daerin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora