El rugido de los motores me sacudió de mis pensamientos. El avión comenzó a elevarse, y con él, mi corazón. A mi lado, Ethan se acomodó en su asiento, su sonrisa tan brillante como el sol de California que habíamos dejado atrás. Y ahí estaba el tío Jensen, con su habitual calma, revisando su revista.
Miré por la ventanilla y vi cómo el mundo se transformaba en un mosaico de colores cada vez más pequeño. Las palmeras y las casas de colores pastel de mi ciudad se convirtieron en líneas borrosas, y luego en un tapiz verde intenso. Sin darme cuenta, llevé mi mano al collar que colgaba de mi cuello. Extrañaba a Miggy. Su tacto me reconfortaba, como un ancla a la vida que dejaba atrás por unos días.
A medida que nos adentrábamos en el corazón de mi destino, el paisaje cambió drásticamente. El verde intenso se transformó en un mar de tonos dorados y ocres. Los campos de cultivo dieron paso a vastas extensiones de tierra, salpicadas por granjas y silos de grano. El cielo, antes un azul intenso, ahora parecía más grande, más cercano. Las nubes, esponjosas y blancas, se deslizaban lentamente por encima de nosotros, como si nos invitaran a un mundo desconocido.
Me preguntaba cómo sería la vida en Oklahoma, Tío Jensen era de Dallas; pero Cass se encontraba investigando sobre los tornados en Oklahoma por lo que Tío Jensen decidió venir. Era lindo ver a Tío Jensen feliz con alguien, sé que había sufrido mucho la muerte de Tía Jo. Además no mentiría se sentía bien estar a kilometros de mi tortura, pero a la vez triste de estar léjos de las personas que quería.
El avión descendió suavemente, rozando las nubes como si fueran algodones de azúcar. A través de la ventanilla, pude ver las luces de la ciudad titilando como estrellas fugaces. Mi corazón latía con fuerza. Era hora de dejar atrás la comodidad del avión y sumergirme en una nueva aventura.
Al abrir la puerta, una ola de aire cálido me envolvió. Busqué con la mirada entre la multitud y allí lo vi: Cass, con su inconfundible sonrisa y su cabello alborotado por el viento. Me acerqué corriendo y lo abracé con todas mis fuerzas. Ethan lo saludó con un apretón de manos y una sonrisa tímida.
Salimos del aeropuerto y nos dirigimos hacia el estacionamiento. Allí nos esperaba la camioneta de Cass, una Ford F-150 que parecía haber vivido mil aventuras. Subimos a la cabina, el olor a cuero y gasolina llenando mis fosas nasales.
-¡Prepárense para una aventura, chicos!- exclamó Cass, arrancando el motor.
Por la ventanilla, observaba cómo el paisaje urbano se transformaba en campos de trigo dorado y pequeñas ciudades con casas de madera. El tío Cass nos contó historias sobre Oklahoma, sobre su infancia, sobre las tormentas eléctricas que podían durar horas y sobre los increíbles atardeceres que se podían apreciar desde la cima de las colinas.
No podía esperar para explorar cada rincón de este nuevo estado. La idea de recorrer las carreteras en la camioneta de Cass, con la radio a todo volumen y el viento en el cabello, me llenaba de emoción.
La camioneta se detuvo al final de un largo camino de tierra que serpenteaba entre campos de trigo dorados y algodonosos. Al fondo, una casa de madera blanca, rodeada de hileras de árboles centenarios y un granero rojo, nos daba la bienvenida. Era la granja de Cass, más acogedora y auténtica de lo que jamás había imaginado.
Ethan y yo nos miramos, nuestros ojos brillando de emoción. Cass nos abrió la puerta trasera y nos invitó a bajar. El aire fresco del campo nos envolvió, llevando consigo el aroma a tierra mojada y a hierba recién cortada. Tío Jensen, con una sonrisa cálida, nos saludó desde el porche.
— ¡Bienvenidos a mi casa, chicos! — exclamó, abriéndonos los brazos.
Entramos en la casa, un espacio amplio y acogedor, con el aroma a madera recién cortada y pastel de manzana que nos envolvió. Los suelos de madera crujían bajo nuestros pies, y las paredes estaban adornadas con fotografías familiares y cuadros de paisajes rurales. Cass nos mostró nuestra habitación, dos camas acogedoras con ventanas que daban al campo. Las camas estaban hechas con sábanas de algodón fresco y había una cómoda mesilla de noche junto a cada una.
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Little Victories
FanfictionOlivia LaRusso descubrirá que se puede sanar las heridas del pasado con el tiempo y con la llegada de personas peculiares a su vida. ¿Miyagi Do o Cobra Kai? ¿Su familia de sangre o Su familia por elección? Hawk x oc fem Robby x oc fem Miguel x oc f...
