Dos semanas después....
-¿A dónde vamos?- le pregunté a Miguel, quien conducía mi auto
-Quería que vinieras conmigo, Rayo- me miró al parar -Quiero distraerte un rato-
-Esta bien, Miggy- suspiré
-¿Estás bien con eso?- apretó mi mano - ¿Quieres que vaya contigo?-
-No lo sé- le miré– Quiero que esta pesadilla termine-
-Terminara, Rayo. Te lo prometo- besó mi mano en un intento por consolarme – Ven-
-¿En dónde estamos?- pregunté al ver que estabamos en la entrada de un campo que se extendía hasta el horizonte y un pequeño rancho con caballos
-¿Confías en mí?- me preguntó
-Con mi vida- contesté sin mirarlo
-Entonces, ven conmigo- me abrió la puerta de copiloto y nos encaminamos al rancho -Una vez me contaste que en tu viaje con Jensen, montaste caballo y que extrañabas esa sensación. Quise recordartelo. Un amigo de mamá es dueño de esto y me prestó su casa a cambio de lavarle diez veces su auto-
-Miggy,... no debiste- murmuré
-Quería verte bien aunque sea por un momento. No soporto cuando estas mal- acarició mi mejilla lentamente - Lo odio-
-Miguel, yo... No sé que siento cuando estas a mi alrededor. Es decir, yo...- no supe que decir
- No tienes que explicarme nada, Rayito. No te lo estoy pidiendo y no tienes que hacerlo si no estas lista- siguió acariciando mi mejilla- Sólo déjalo estar. Nadie esta aquí, solo existimos tú y yo-
-Tú... y yo....- murmuré. Un silencio cómodo nos encontró. Una mirada penetrante por parte de él, que buscaba entrar en mí.
El aire del rancho olía a tierra caliente y pasto recién cortado. El sol ya estaba alto, tiñendo de dorado las cercas y los cascos de los caballos que relinchaban inquietos. Miguel caminaba delante de mí, con paso firme, y el ruido de sus botas sobre la grava hacía eco en mi pecho como si mi corazón intentara seguirle el ritmo.
—¿Lista? —preguntó, volviéndose hacia mí.
—Eso creo —respondí, aunque en realidad lo que me ponía nerviosa no era el caballo.
Él ajustó las riendas, comprobó la montura y luego se acercó.
—Apóyate en mi brazo —me dijo, ofreciendo su mano.
La tomé, y sentí la fuerza cálida de sus dedos cerrándose alrededor de los míos. Por un momento, todo lo demás desapareció: el sonido del viento, el olor a cuero, el murmullo de los establos. Solo su mirada, fija en mí, y esa cercanía que me desarmaba.
Cuando me ayudó a subir, su mano quedó en mi cintura más tiempo del necesario. Me sostuvo firme, tan cerca que pude oler el sol sobre su piel y el leve toque de jabón en su camisa. Sentí el calor subir por mi espalda.
—Ahí estás, rayo —murmuró, casi en un suspiro.
Montamos juntos, uno al lado del otro. El camino se abría entre árboles y tierra seca, y cada tanto el caballo se movía más rápido, haciéndome reír con nervios. Miguel me miraba de reojo, con esa mezcla de orgullo y algo más que no me atrevía a nombrar.
En un punto, tomó las riendas y me indicó cómo moverlas con más firmeza. Su mano se posó sobre la mía, guiándome, y el roce bastó para que el mundo se encogiera. Pude sentir su respiración detrás de mí, su voz grave rozándome el oído al decirme "así, suave".
El sol caía cuando regresamos al rancho. Nos reímos, cansados, con el polvo en la ropa y la sonrisa fácil que solo él conseguía provocarme. Pero conforme llegó la noche, la risa se fue apagando y el silencio tomó otro peso.
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Little Victories
FanfictionOlivia LaRusso descubrirá que se puede sanar las heridas del pasado con el tiempo y con la llegada de personas peculiares a su vida. ¿Miyagi Do o Cobra Kai? ¿Su familia de sangre o Su familia por elección? Hawk x oc fem Robby x oc fem Miguel x oc f...
