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-Rayo, apaga esa bendita alarma- el brazo de Miguel está detrás de mi cuello mientras que el otro se encuentra rodeando mi cintura. La celebración de nuestra victoria había sido para largo.

Flashback

Las luces de las calles nos alumbraban mientras la música retumbaba en la calle sur de Barcelona.

-¿Qué opinas? ¿Vamos?- Alec se acercó a mí mientras veía a Miguel platicar milagrosamente con Ethan

-No lo sé- suspiré -Alec, ¿Puedo hacerte una pregunta?-

-Sabes que sí, Livy-

-¿Cómo supiste que Mags era la persona indicada?-

-Fue díficil, no voy a mentirte- se rio – Se me metió hasta en las venas. El amor no es blanco o negro, es más que eso. Son más colores, como síntomas. Te cuesta respirar cada vez que lo ves, el corazón late más rápido y tu piel se eriza cuando estás tan cerca-

-¿Y sólo te pasó con esa persona?-

-La llegada de Mags fue una adrenalina que necesitaba para sentirme vivo, Liv- suspiró – Le necesitaba, especialmente después de lo de Isa-

-El destino los quería juntos-

-Tal vez- sonrió – Sé que no lo tienes fácil, pero no todo tiene que ser de una forma u otro, sólo déjalo ser, no te reprimas y la respuesta aparecerá como magia-

Las luces de neón iluminan las calles, reflejándose en los grafitis húmedos de las paredes. La música urbana resuena desde la plaza donde ya montaron la fiesta improvisada: bajos fuertes, risas, copas que se chocan. Y yo... yo aún tengo las manos temblando, no sé si por la velocidad o porque siento los ojos de Miguel clavados en mí.

Él se acerca despacio, con esa calma peligrosa que contrasta con el caos alrededor. Me observa como si no hubiera nadie más en la multitud.

—Lo hiciste perfecto... —susurra, pero su voz suena más como una confesión que como un elogio.

Sonrío, con el pecho ardiendo y la piel húmeda por el sudor de la carrera. La fiesta nos envuelve: luces rojas y violetas, humo de cigarrillos, cuerpos que bailan pegados. Miguel me toma de la mano y me guía entre la gente.

Me pega contra la pared pintada de un callejón iluminado por un solo neón parpadeante. Su cuerpo está tan cerca que apenas me deja espacio para respirar. El pulso me late en el cuello, y sé que él lo nota porque sus ojos bajan hasta mi garganta, después suben de nuevo a los míos, oscuros, intensos. Dress de Taylor Swift, empieza a sonar de fondo.

—Eres hermosa, Rayito—dice con una seguridad que me enciende y me asusta al mismo tiempo.

Un roce intencional: mis labios casi tocando los suyos, pero sin darle el beso todavía. Siento la tensión estallar en el aire, como si la ciudad misma contuviera el aliento.

El latido en mis sienes se mezcla con el retumbar de la música. Miguel no aparta la mirada, como si esperara que yo cediera, como si ya supiera lo inevitable.

Respiro hondo, casi rozando su boca, y esta vez no lo detengo. El beso llega brusco, arrebatado, como una descarga eléctrica que me atraviesa de pies a cabeza. Mis manos se aferran a su chaqueta aún oliendo a gasolina y viento, y él me aprieta contra la pared como si no quisiera darme espacio para escapar.

Miguel me sostiene con fuerza contra la pared, una mano en mi cintura, la otra atrapando mi nuca. Siento su respiración acelerada mezclarse con la mía, el sabor metálico de la victoria aún en mi lengua, el calor de su cuerpo presionando el mío mientras alrededor la fiesta explota en gritos, música y luces.

Little VictoriesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora