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-¿Dónde estabas, cariño?- papá me preguntó apenas entré por la puerta – Ya pasó tu hora de llegada-

-Lo siento- le sonreí mientras me servía un vaso de agua- Fui con los chicos a ver la universidad local y se nos pasó el tiempo y luego me quedé hablando con Hawk afuera-

-Esta bien- me contestó —¿Por qué ya casi no estás en casa? —me preguntó papá - Antes estabas todo el tiempo aquí... con nosotros-

Su voz no suena molesta ni recriminatoria. Es una pregunta simple, pero en su tono hay algo más. Algo que no dice pero se siente, como un hilo invisible que me hala de regreso a un lugar al que no sé si pertenezco del todo.

Me toma unos segundos responder. No porque no tenga una respuesta, sino porque me cuesta encontrar las palabras que no duelan, que no suenen como un rechazo. No quiero herirlo, no quiero que crea que no lo amo. Porque lo hago. Amo a mi familia.

—No es que no quiera estar aquí —empiezo, despacio, midiendo cada sílaba—. Los quiero, muchisímo, de verdad. Pero... he encontrado algo fuera de casa que no sabía que necesitaba- Él me observa en silencio, como si estuviera reuniendo paciencia para no interrumpirme. Lo conozco bien. Sé que, detrás de sus ojos, hay mil preguntas que se muerde la lengua para no soltar de golpe —Con ellos —continúo, pensando en las personas que se han vuelto parte de mi vida— Me siento más libre. Más comprendida. No sé cómo explicarlo, pero cuando estoy ahí, siento que pertenezco. Y no es que aquí no me sienta querida, es solo que... —suspiro, buscando las palabras—, es diferente. Como si hubiera encontrado otra casa, una que no está hecha de paredes, sino de personas- La expresión de papá cambia apenas un poco. Un matiz que no sé si es tristeza o comprensión. Tal vez ambas cosas. —No quiero que pienses que ustedes no me importan —añado, porque es importante que lo sepa—. Solo... también necesito ese otro lugar. Me hace sentir más yo-

Por un momento, el silencio se estira entre nosotros, pero no pesa. Es suave, como si los dos estuviéramos tratando de acomodar lo que acabo de decir en nuestras propias formas de entender las cosas.

—Solo no te alejes del todo —dice al fin, con esa voz baja que usa cuando deja caer su orgullo por un instante.

Sonrío un poco. Me acerco y le abrazó fuertemente.

—Nunca podría alejarme del todo, papá. Siempre voy a volver a casa. Pero a veces, necesito estar en los dos lugares para sentirme completa-

Y, aunque no lo dice en voz alta, algo en su mirada me deja saber que lo entiende. O, al menos, que está intentando hacerlo. Y eso, en este momento, es suficiente.

—Perdóname —susurra de pronto en medio de nuestro abrazo—Por todo lo que no hice bien. Por las veces que no estuve, por las que no supe escucharte, por las veces en que pareció que no me importaba, por dejarte pelear sola contra una ola imensa- Su confesión me toma por sorpresa. Papá nunca ha sido de los que se disculpan fácilmente, y menos de este modo, con la vulnerabilidad expuesta como una herida abierta.

—Papá... —mi voz tiembla un poco, pero no me detengo—. Ya te he perdonado. Hace mucho tiempo. No tienes que cargar con eso. Tu siempre serás mi papá-

Él asiente despacio, como si mis palabras aliviaran un peso que ha llevado por años. Aprieto más nuestro abrazo, hundiendo mi cabeza en su pecho, queriendo que sienta lo cierto de lo que digo.

—Te amo con todo mi corazón —dice, y por un instante, sus ojos brillan de una forma que pocas veces he visto – Siempre serás mi niña-

—Yo también te amo —respondo, sincera, sin dudar.

Y en ese momento, entre las palabras y el silencio, algo se acomoda entre nosotros. Algo que, sin saberlo, ambos necesitábamos.

(......)

Little VictoriesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora