El cielo de Musutafu estaba teñido de un azul claro, casi etéreo. El viento soplaba con una suavidad que acariciaba los rostros de los transeúntes, moviendo las hojas de los árboles en un vaivén que parecía coreografiado. En la azotea del edificio de dormitorios de la U.A., Izuku Midoriya estaba sentado con las piernas colgando por el borde del muro, mirando hacia el horizonte con los ojos algo vidriosos.
Había aprendido a convivir con el peso de ser el heredero de One For All, con la responsabilidad de convertirse en el símbolo de la paz. Pero lo que aún no sabía manejar del todo era el ritmo acelerado de su corazón cada vez que tú estabas cerca.
—Midoriya—dijiste, acercándote con una sonrisa mientras sostenías dos botellas de jugo de uva, uno de sus favoritos—. Sabía que te encontraría aquí.
Izuku se sobresaltó un poco, pero sonrió en cuanto te vio. Tomó la botella que le ofreciste y dio un pequeño sorbo, aún sin apartar la mirada de ti. El sol comenzaba a bajar, y la luz anaranjada resaltaba cada contorno de tu rostro.
—Gracias, TN... Siempre piensas en todo —dijo con un leve rubor en las mejillas.
Te sentaste a su lado, también dejando tus piernas colgar sobre el vacío. Ambos permanecieron en silencio por un momento, observando cómo el día se desvanecía lentamente.
—¿Sabes? —dijiste de repente—. A veces me pregunto si todo esto vale la pena... El entrenamiento, las heridas, el miedo.
Izuku te miró con los ojos abiertos, sorprendido por la honestidad de tu comentario.
—Yo también me lo he preguntado muchas veces —respondió con voz suave—. Pero cada vez que te veo sonreír, cada vez que veo a alguien a salvo... pienso que sí. Que todo el dolor tiene sentido.
Tus ojos se encontraron con los suyos, y por un momento, el tiempo pareció congelarse. El viento cesó, los ruidos desaparecieron, y solo quedaron ustedes dos. Él tragó saliva, visiblemente nervioso.
—TN... hay algo que llevo queriendo decirte desde hace tiempo.
Te viraste completamente hacia él, notando cómo sus manos temblaban ligeramente sobre sus rodillas. Izuku respiró hondo y, con los ojos clavados en los tuyos, habló:
—No sé cómo empezó, tal vez fue cuando me ayudaste a estudiar para el examen final, o cuando me curaste esa herida con tanto cuidado... Pero desde entonces, no he podido sacarte de mi cabeza. Y no es solo admiración o cariño... Es algo más profundo.
Tu corazón latía con fuerza. Izuku Midoriya, el chico que enfrentó a villanos sin dudar, ahora temblaba por confesarte sus sentimientos.
—Me gustas, TN. Y no espero que me respondas ahora, ni que sientas lo mismo. Solo necesitaba que lo supieras.
El silencio volvió a caer, pesado como una manta. Izuku bajó la mirada, sintiéndose expuesto, vulnerable. Pero tú no lo dejaste mucho tiempo en esa incertidumbre.
—¿Sabes qué es gracioso? —dijiste mientras te acercabas lentamente a él—. Yo también lo sentí desde ese día en la enfermería. Cuando apenas podías sostenerte, pero aun así me dijiste que estaba bien si necesitaba llorar. Que los héroes también podían romperse.
Izuku levantó la vista justo cuando tú rozaste su mejilla con la yema de tus dedos. Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de sorpresa y ternura. Tus labios se curvaron suavemente antes de decir:
—También me gustas, Midoriya.
El joven héroe parpadeó varias veces, procesando tus palabras. Luego una sonrisa tímida, pero genuina, se dibujó en su rostro. No dijo nada. No era necesario. El lenguaje que hablaban en ese instante era más antiguo y más sincero: el de los gestos, las miradas, los silencios compartidos.
Se inclinó hacia ti con cuidado, como si temiera que fueras un sueño que se desvanecería al contacto. Tú acortaste la distancia y, finalmente, sus labios tocaron los tuyos en un beso suave, inocente, pero lleno de emoción contenida.
Duró apenas unos segundos, pero en sus corazones sintieron una eternidad.
Cuando se separaron, Izuku apoyó su frente contra la tuya.
—No sabes cuánto soñé con este momento —susurró.
—Entonces sigamos soñando juntos, ¿te parece?
Él asintió, y en ese instante, supiste que sin importar lo que viniera —los combates, el miedo, el futuro incierto— siempre podrían encontrar refugio en el otro.
Un mes después
La rutina en la U.A. era intensa, pero también había pequeños espacios de paz. Tú e Izuku habían decidido mantener su relación en privado por un tiempo, no porque quisieran esconderla, sino porque se sentía demasiado especial como para compartirla aún.
Aun así, las miradas robadas en el comedor, las manos que se rozaban en los pasillos, y las noches donde se encontraban en la azotea hablaban más fuerte que cualquier palabra.
—Midoriya —dijiste una noche mientras él recostaba su cabeza en tu regazo—, ¿alguna vez has tenido miedo de perderme?
Él abrió los ojos, mirándote con una expresión que te robó el aliento por su intensidad.
—Todos los días. Pero también tengo algo más fuerte que ese miedo.
—¿Qué cosa?
—La certeza de que haré todo lo posible para protegerte. Porque ahora no solo quiero ser el símbolo de la paz... también quiero ser el lugar donde puedas descansar. Tu hogar.
Tu garganta se cerró y los ojos se te humedecieron. Lo abrazaste con fuerza, sintiendo que, por fin, habías encontrado algo que valía más que cualquier victoria: su amor.
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𝐁𝐍𝐇𝐀 | 𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒
Fanfiction! pedidos cerrados ¡ . . 𝐎𝐧𝐞 𝐒𝐡𝐨𝐭𝐬 𝐁𝐍𝐇𝐀. Los personajes de este fanfic pertenecen a Kohei Horikoshi. Todos los derechos reservados. Prohibido el plagio o adaptación de este one shot.
