Eijiro Kirishima

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Era una tarde de otoño, y aunque el cielo estaba cubierto de nubes grises, tu corazón latía con fuerza como si el sol brillara con fuerza solo para ti. Caminabas con una pequeña bolsa colgada del brazo, dentro de la cual descansaba un frasco de tinte rojo intenso. No era cualquier frasco. Era el que tú y Kirishima habían elegido juntos hacía una semana, después de horas discutiendo qué color sería "lo suficientemente genial" para un nuevo comienzo.

No lo habías planeado al principio, pero todo surgió tras una charla que él te confesó a medias entre risas y miradas serias.

— Quiero cambiar... Quiero ser alguien más fuerte. Alguien que inspire a los demás, no que pase desapercibido.

Y tú le dijiste, sin pensarlo dos veces:

— ¿Entonces por qué no empiezas por fuera? Cambia algo. El pelo, por ejemplo.

Kirishima se había quedado mirándote, y luego soltó una risa nerviosa. No era una idea tan loca. Y de algún modo, eso los llevó a esto: una tarde de sábado en su casa, donde por primera vez estarían solos, y tú, su novia, estarías a cargo de teñirle el cabello negro.

Cuando llegaste, Kirishima ya estaba esperando afuera. Llevaba una camiseta holgada y su habitual expresión amistosa, pero podías notar el leve temblor de sus manos en los bolsillos.

—¡Hey, TN! —saludó, con una de esas sonrisas amplias que siempre lograban calmarte.

—¡Ei! —respondiste, saludándolo con la mano mientras subías los escalones.

Te acercaste y él te recibió con un abrazo cálido, envolvente. Algo torpe, como todo lo que hacía cuando estaba nervioso, pero genuino. El tipo de abrazo que decía: "Gracias por estar aquí".

—¿Lista para arruinarme la cabeza? —bromeó.

—¿Arruinarte? Por favor, voy a convertirte en una leyenda.

Su casa era tranquila, sencilla pero muy acogedora. Los padres de Kirishima no estaban —salieron a visitar a unos familiares— así que tenían el lugar para ustedes solos. Te llevó a su cuarto, donde ya tenía todo preparado: una toalla para cubrirse los hombros, un espejo grande, guantes de plástico y hasta un recipiente donde mezclar el tinte.

—Wow, te lo tomaste muy en serio —dijiste, impresionada.

—Bueno... quería que saliera bien. Es la primera vez que hago algo así.

Se sentó en el banquito frente al espejo mientras tú te colocabas los guantes. Acariciaste su cabello negro por un momento, admirando lo suave que era. Siempre habías pensado que le quedaba bien, pero no podías evitar imaginar cómo se vería de rojo. Era un paso simbólico. Un cambio. Una promesa.

—¿Estás seguro de esto? —preguntaste, dándole una última oportunidad de arrepentirse.

Kirishima asintió, mirando su reflejo.

—Sí. Quiero hacerlo. Quiero verme... más decidido. Más como alguien que no tiene miedo de ser diferente.

Tú asentiste, mezclaste el tinte y comenzaste el proceso.

Mientras trabajabas sobre su cabeza, el ambiente se volvió cómodo. Había música suave sonando en tu celular, una playlist que habían armado juntos. Kirishima hablaba de todo y nada: sobre lo molesto que era su profesor de matemáticas, sobre el partido de voleibol que jugarían en educación física, sobre su nuevo interés en los héroes profesionales y cómo Crimson Riot se estaba convirtiendo en su favorito.

—Me gusta cómo nunca se rinde. —dijo, mientras tú masajeabas suavemente su cuero cabelludo— Como se mantiene firme aunque lo golpeen mil veces.

—Tú eres así —respondiste, sin pensarlo demasiado.

Él giró ligeramente la cabeza para mirarte por el espejo.

—¿Yo?

—Sí. Eres más fuerte de lo que crees, Eijiro. No necesitas teñirte el pelo para demostrarlo. Pero si esto te ayuda a ver lo que yo ya veo en ti... entonces lo haré con gusto.

Se quedó en silencio por un momento, luego bajó la mirada con una sonrisa tímida.

—Gracias. Siempre sabes qué decir.

Una hora después, Kirishima estaba en el baño, enjuagándose el tinte con cuidado. Tú esperabas en su habitación, algo nerviosa. ¿Y si no le gustaba el resultado? ¿Y si no le gustaba cómo se veía?

—¡TN! —gritó desde el pasillo—. ¡Prepárate!

Cuando volvió a entrar, lo hizo caminando de espaldas como si estuviera en una pasarela. Luego se giró de golpe, con una sonrisa deslumbrante.

—¡Tarán!

Sus ojos brillaban como si acabara de descubrir una parte de sí que siempre estuvo oculta. El rojo en su cabello era intenso, brillante, pero no opacaba su personalidad. Al contrario: parecía gritar al mundo quién era Eijiro Kirishima.

—Wow —dijiste, con la boca entreabierta—. Te ves... increíble.

Kirishima se acercó, aún riendo, y te abrazó por la cintura.

—¡No puedo creerlo! ¡Me encanta! ¿Tú crees que parezco un futuro héroe ahora?

—Te ves como un héroe desde antes de este cambio. Pero ahora... te ves como uno que sabe lo que quiere.

Él te besó la frente, y tú apoyaste la cabeza en su pecho, escuchando su corazón acelerado.

—Gracias por creer en mí, TN.

—Siempre voy a hacerlo.

El resto de la tarde lo pasaron tirados en su cama, viendo videos de batallas de héroes en su laptop. Había ramen instantáneo, palomitas quemadas y una manta compartida. La atmósfera se volvió más suave, más íntima. A ratos hablaban; a ratos solo se quedaban en silencio, disfrutando la presencia mutua.

—¿Sabes algo? —dijo Kirishima en voz baja, mientras tú estabas recostada con la cabeza sobre su brazo—. Me asusta lo que viene después de secundaria.

—¿La preparatoria? ¿La U.A.? —preguntaste, mirándolo.

Él asintió. —Es un lugar con gente increíble. ¿Y si no soy suficiente?

Te incorporaste ligeramente y tomaste su rostro entre tus manos.

—¿Te digo lo que va a pasar? Vas a entrar a la U.A. Vas a entrenar como loco. Y vas a ser un héroe, Eijiro. Uno que todos admiren. Pero, sobre todo, uno que inspire. No por tener el cabello rojo o músculos, sino porque nunca te rindes.

Kirishima tragó saliva, emocionado. Luego bajó la mirada y murmuró:

—¿Y vas a estar conmigo?

—Hasta el final.

Él sonrió con los ojos brillantes y te besó, por primera vez con verdadera decisión. No fue torpe. No fue rápido. Fue honesto. Fue perfecto.

Cuando el cielo oscureció, tú ya habías enviado un mensaje a tus padres avisando que llegarías un poco más tarde. Se despidieron con un abrazo largo en la puerta, bajo la luz amarilla del porche. Kirishima te acarició la mejilla con ternura.

—Gracias por estar conmigo en este paso. No lo habría hecho sin ti.

—No tienes que hacer nada solo, Eijiro. No mientras estés conmigo.

Él se inclinó una vez más y rozó tus labios con los suyos, más suave esta vez.

—Prometo convertirme en alguien digno de ti.

Tú le sonreíste, con lágrimas contenidas en los ojos.

—Ya lo eres.

Y mientras te alejabas por la acera, giraste para verlo una vez más: parado en la entrada de su casa, con el cabello rojo brillando bajo la luz de la farola. Sonriendo como si el mundo acabara de comenzar.

No lo sabías aún, pero ese día fue el inicio de todo.

El inicio de su cambio.

El inicio de una historia que algún día, sería digna de contarse.

𝐁𝐍𝐇𝐀 | 𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒Donde viven las historias. Descúbrelo ahora