Eijiro Kirishima

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El atardecer bañaba la ciudad en tonos dorados y rojizos, tiñendo las nubes con pinceladas de fuego. TN suspiró mientras caminaba junto a Kirishima por las calles de Musutafu. Era uno de esos días en los que el aire fresco acariciaba la piel con suavidad, como si la naturaleza supiera que habían tenido una semana agotadora y les regalara un respiro.

—¡Vamos, TN! —exclamó Kirishima con su energía habitual—. ¡No puedes decirme que no tienes hambre después de ese entrenamiento tan rudo!

TN rodó los ojos con una sonrisa divertida.

—No digo que no tenga hambre, solo que no esperaba que prácticamente me secuestraras para ir a comer ramen.

Kirishima rió, rascándose la nuca.

—¡No es secuestro si te estoy llevando a un lugar increíble!

La calidez en su voz y la chispa en sus ojos hacían imposible que TN se negara. Conocía a Kirishima lo suficiente para saber que, cuando tenía una idea en mente, no había quien lo detuviera. Y, en el fondo, a TN le encantaba eso de él.

Llegaron a un pequeño restaurante de ramen que Kirishima juraba era el mejor de toda la ciudad. Se sentaron en un rincón acogedor, y en cuanto los tazones humeantes llegaron a la mesa, el chico de cabello rojo no perdió tiempo en devorar su comida con entusiasmo.

—¡Este lugar nunca decepciona! —exclamó con la boca medio llena—. ¡Come, TN! ¡Necesitas recuperar energías!

TN rió ante su actitud despreocupada.

—Está caliente, no quiero quemarme la lengua.

Kirishima dejó sus palillos sobre la mesa y la miró con seriedad fingida.

—TN... hay dos tipos de personas en este mundo. Los que esperan y los que toman acción. ¿Y qué clase de héroes queremos ser?

TN parpadeó, antes de soltar una carcajada.

—¡No compares comer ramen con ser héroes, Kirishima!

Él se encogió de hombros con una sonrisa enorme.

—Todo en la vida se trata de actitud.

El resto de la cena pasó entre risas, anécdotas y bromas sobre el entrenamiento en la U.A. Era fácil estar con Kirishima. Su energía era contagiosa, y TN se dio cuenta de que podía relajarse completamente cuando estaba con él.

Después de pagar la cuenta, salieron del restaurante y caminaron sin prisa por las calles iluminadas por faroles. La brisa nocturna hacía que los cabellos de TN se movieran suavemente, y Kirishima no pudo evitar mirarla de reojo.

—Oye, TN... —dijo después de un rato.

—¿Hmm?

Kirishima metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, como si intentara encontrar las palabras adecuadas.

—¿Alguna vez has sentido que quieres proteger algo más que a la gente en general? Algo... más personal.

TN lo miró con curiosidad.

—¿Algo más personal?

Kirishima asintió, con la vista fija en el suelo.

—Siempre he querido ser un héroe fuerte, alguien en quien los demás puedan confiar. Pero últimamente he estado pensando en cómo es cuando no luchamos... cuando solo estamos viviendo momentos como este.

TN sintió su corazón acelerarse ligeramente.

—¿Y qué conclusión sacaste?

Kirishima tomó aire y, con valentía, levantó la mirada para encontrarse con la de TN.

—Que quiero protegerte a ti.

El silencio que siguió fue solo interrumpido por el murmullo lejano del tráfico y el sonido de sus propios latidos. TN sintió su pecho apretarse. No era una declaración dramática, no había discursos grandilocuentes. Solo Kirishima, siendo honesto, como siempre lo era.

—Kirishima... —susurró, sin saber exactamente qué decir.

Él se rascó la nuca, riendo nerviosamente.

—Tal vez fue demasiado directo, pero... me gustas, TN. Y no quería esperar más para decírtelo.

TN sintió una sonrisa extenderse en su rostro antes de tomar la mano de Kirishima con suavidad.

—¿Sabes? Me gustas tú también.

Los ojos rojos de Kirishima brillaron con sorpresa y alegría.

—¿En serio?

TN asintió, entrelazando sus dedos con los de él.

—Sí.

Por un momento, Kirishima pareció procesar lo que estaba pasando, antes de soltar una risa baja y sincera.

—¡Eso es increíble!

TN rió junto a él, sintiendo que la calidez de su mano era la cosa más reconfortante del mundo.

—¿Sabes qué es increíble?

—¿Qué?

TN miró hacia el cielo estrellado, aún sin soltar su mano.

—Que siempre que estoy contigo, todo parece más fácil.

Kirishima se quedó en silencio por un instante, antes de apretar suavemente su mano.

—Entonces prometo estar siempre aquí.

Y bajo aquel cielo nocturno, con las estrellas como testigos, TN supo que sus palabras eran completamente reales.

𝐁𝐍𝐇𝐀 | 𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒Donde viven las historias. Descúbrelo ahora