Katsuki Bakugo

3.3K 230 7
                                        



pedido de La_baku_conda


La atmósfera en los dormitorios de la U.A. era tranquila esa noche, demasiado tranquila para lo que había sido una semana intensa. El eco del secuestro de Bakugo todavía estaba fresco en la mente de todos, pero nadie más lo sentía tan profundamente como tú.

Tú y Bakugo eran inseparables desde la infancia. Siempre fue él, el de carácter explosivo y tú, la calma que atenuaba su fuego. Desde niños compartieron secretos, heridas y sueños de convertirse en héroes. Pero ahora, algo en él había cambiado.

Desde que fue rescatado, evitaba hablar de lo que había ocurrido. Fingía que estaba bien, actuaba como si nada lo hubiera afectado, pero tú sabías que era solo una fachada.

Y esa noche, como muchas otras desde su regreso, lo oíste.

Pasos sigilosos, respiración agitada, una mano temblorosa tocando la puerta de tu habitación.

—TN... ¿puedo pasar?

Estaba descalzo, con una camiseta arrugada y ojeras marcando su rostro. No hacía falta preguntarle qué pasaba. Tú simplemente abriste los brazos, y él se dejó caer en ellos como si estuviera cayendo en un lugar seguro.

—Otra pesadilla... —murmuró contra tu cuello, su voz rota.

Tú lo abrazaste con fuerza, acariciando su espalda. Nadie más veía ese lado de él. Nadie más tenía acceso al Bakugo vulnerable, el que temblaba en las noches, el que lloraba en silencio por cosas que no podía controlar.

—Estoy aquí, Kats. Siempre lo estaré —susurraste.

Él se aferró a ti como si temiera que te desvanecieras.

—Otra vez... no puedo... —murmuró, su voz quebrada.

Lo guiaste hacia tu cama, sentándolo suavemente.

—Estoy contigo. Respira conmigo —dijiste, tomando sus manos.

Recordando técnicas de respiración para calmar la ansiedad, le susurraste:

—Inhala por la nariz contando hasta cuatro... uno, dos, tres, cuatro. Retén la respiración... uno, dos, tres, cuatro. Ahora exhala por la boca lentamente... uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis.

Repetiste el ciclo varias veces, sintiendo cómo su respiración se sincronizaba con la tuya. Poco a poco, su cuerpo dejó de temblar.

—Gracias —susurró, apoyando su frente contra la tuya.

—Siempre estaré aquí para ti —respondiste, acariciando su mejilla.

Esa noche, como tantas otras, Bakugo se quedó dormido en tus brazos, encontrando en ti el refugio que necesitaba.

A veces llegaba sin decir nada, solo se metía bajo tus sábanas, su cuerpo buscando el calor y la paz que solo tú le dabas. Compartían silencios que decían más que mil palabras, y aunque tú deseabas decirle cuánto lo amabas, sabías que él necesitaba sanar antes de escuchar eso.

Hasta que una noche fue diferente.

Ya estaba en tu cama, de lado, observándote con una expresión extraña. No parecía asustado esta vez, sino... decidido.

—TN —llamó tu atención suavemente.

—¿Sí?

—¿Sabes por qué vengo a tu habitación?

—Porque no puedes dormir —respondiste sin pensar.

Negó con la cabeza.

—No solo por eso. Es porque... —tragó saliva, su voz más temblorosa que en cualquiera de sus pesadillas— cuando estoy contigo, todo se detiene. El miedo, la culpa, las voces de esos malditos villanos... todo desaparece. Solo quedas tú.

Te quedaste en silencio, tu corazón latiendo con fuerza.

—No sé desde cuándo me pasa, pero... me di cuenta de que te necesito. No como una amiga. Te amo, TN.

Las palabras salieron sin explosiones ni gritos. Salieron como una confesión susurrada al borde del abismo, frágil pero sincera.

—Yo también te amo, Katsuki —le respondiste, sintiendo que por fin podías dejar de guardar tus sentimientos.

Él sonrió, una de esas sonrisas que rara vez mostraba. Se acercó y apoyó su frente contra la tuya.

—Gracias por no dejarme caer.

Y esa noche, por primera vez desde su regreso, Bakugo durmió tranquilo en tus brazos.

𝐁𝐍𝐇𝐀 | 𝐎𝐍𝐄 𝐒𝐇𝐎𝐓𝐒Donde viven las historias. Descúbrelo ahora