Eros King
La casa huele a café recién hecho, a pan tostado, y a algo más que no sabría explicar.
Algo tibio, familiar.
Como si el caos organizado que somos se hubiera alineado con el universo, al menos por un rato.
Estoy en la cocina, como siempre. Mi lugar.
Me gusta observar desde acá.
No es que sea un espectador pasivo, pero prefiero entrar en el momento justo, no antes.
—¿Eso tiene chocolate? —La voz de Ailén me saca de mis pensamientos.
Al girarme, la veo entrar arrastrando los pies, con una sudadera que no le pertenece —juraría que es de Ares— y el cabello revuelto. Sus ojos están algo hinchados de dormir poco, pero aun así, es preciosa.
—Chocolate y cariño —le respondo con una sonrisa.
Ella se ríe, pero al segundo ya está sonrojada. Esa cosa suya. Reacciona al mínimo gesto, como si no supiera qué hacer con tanta atención.
—¿Sabes que no tienes que coquetear para darme desayuno?
—¿Y si no es coqueteo?
—Entonces lo estás haciendo peor.
—¿O mejor?
Ahí baja la mirada. Y se muerde el labio.
Perfecto. Ailén 0, Eros 1.
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—¿Dónde está Leia? —pregunta mientras le paso una taza de café.
—Con Hades. En el jardín.
—¿Ella y Hades solos? —me pregunta con un gesto de ceja levantada que, francamente, me encanta.
—Tranquila. No están haciendo yoga tántrico ni nada.
—Conociendo a Hades, eso es lo preocupante.
Ríe, y yo la acompaño.
Pero por dentro, hay algo más. Algo que noto todo el tiempo.
No solo en Ailén. En las dos.
Están empezando a soltarse. A encajar.
Y nosotros también.
Uno por uno, sin empujar, sin exigir.
Solo estando.
Presentes.
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En el jardín, la escena me hace sonreír.
Leia está de pie frente a Hades, que le enseña a cortar madera. Sí, literal. Con un hacha pequeña, bajo su supervisión, en una especie de juego que claramente tiene más tensión que instrucción.
—Así, más firme —le dice él, tomando su mano desde atrás.
Leia no se inmuta. No se sonroja. Ni siquiera parpadea.
Solo lo mira de reojo con una ceja arqueada.
—¿Siempre tocas así a las mujeres que quieres impresionar?
—Solo a las que pueden usar un hacha mejor que yo.
Silencio.
Yo veo la leve curva de sus labios, aunque ella no sonría del todo.
Y lo sé.
Hades no se está acercando a ella por su belleza, ni por el reto.
Se está acercando porque Leia es fuego bajo control.
Y a él le encantan los incendios.
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Más tarde, estamos todos en el salón.
Ailén y Megan están con Adriel y Alexander jugando cartas. Leia charla con Ander, ambos riendo mientras revisan un libro que sacaron de la biblioteca privada.
Yo me siento al borde del sillón, observando.
Ailén pierde una mano de cartas y pone cara de niña herida. Adriel le dice algo al oído y ella, otra vez, se sonroja.
Mucho.
Leia levanta la vista un segundo. Mira a Ailén. A Adriel. A Ander. A Asher. A Hades. A Ares. A Alexander i Megan. A mí.
No dice nada. Pero veo esa pequeña rigidez en sus hombros.
No es celos.
Es otra cosa. Una conciencia.
Está viendo lo mismo que yo.
Que esto está pasando.
Entre todos.
Y no puede evitarlo.
Ni quiere.
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Más tarde, cuando el ruido baja y todo el mundo está haciendo lo suyo, y solo quedamos Leia, Ailén y yo en la cocina, me acerco a ambas con dos tazas de té.
—¿Algo para cerrar el día?
—¿Veneno? —dice Leia sin pensarlo.
—Yo prefiero té —dice Ailén, tan rápido que me hace reír.
—¿Tú nunca te relajas, Leia? —le pregunto con suavidad, sin sarcasmo.
Ella me mira directo.
Y por un segundo, veo algo.
Una rendija.
—Tal vez. Pero me gusta controlar cuándo y con quién.
—Eso me gusta —le digo. Y me acerco apenas—. Porque no me interesa romper tus paredes. Solo entrar si me dejas.
No responde. Solo me observa.
Y eso, con Leia, es muchísimo.
Ailén nos mira, con los ojos muy abiertos. No sé si sorprendida, o nerviosa.
—No se preocupen —les digo con una sonrisa, alzando la taza—. Puedo ser paciente.
Pero también sé cuándo algo está a punto de explotar.
Y esto...
Esto es dinamita con mecha lenta.
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Mujeres King
Teen FictionEllas, mejores amigas de la infancia Ellos, hermanos de distintas madres ¿Que pasaría si dos de sus hermanos vinieran un día diciendo que han encontrado a la indicada, a la mujer con la que se casarán? ¿Y si en vez de una fueran dos? Desde hace ya...
