Ailén Wilson
Odio estar débil.
Odio depender.
Odio este estúpido dolor en el costado que me recuerda cada mañana que estuve en un hospital.
Y, sin embargo, cuando abro los ojos y los veo... a ellos, con esas caras de "buenos días, preciosa" disfrazadas de "somos tus cuidadores designados por el universo", no puedo evitar sonreír.
Hoy le toca a Eros llevarme a la empresa, aunque anoche Asher me ayudó a darme un baño y Hades fue el que me puso hielo en la espalda cuando me quejé a mitad de la noche. Ares cocinó. Adriel me leyó, como si tuviera cinco años. Y Ander se quedó dormido en el sofá con Megan sobre su pecho.
¿Quién en su sano juicio podría quejarse de eso?
—¿Lista, muñeca? —Eros abre la puerta del coche como si fuera mi guardaespaldas de película, con sus gafas oscuras, camisa blanca remangada y sonrisa de médico maldito.
—Listísima, doctor King.
—Oye, que no cobro si me dices eso con ese tono —responde entre risas mientras me acomoda el cinturón.
Voy mirando por la ventana todo el camino. Megan se quedó con Leia y los demás, así que hoy iré sola... Bueno, sola con Eros. Aunque eso ya es compañía peligrosa.
—Si te duele, lo dices —me advierte al ver que me muevo incómoda.
—Si tú me tocas, lo diré —le contesto.
Silencio.
Y luego una sonrisa. De esas que dice "me encantaría comprobarlo".
——————————————————
La entrada a mi empresa es tan normal como siempre. Hasta que entro al piso 19. Y ahí, se va todo al demonio.
—¿Dónde está Vanessa? —pregunto en cuanto veo el desastre.
Las vitrinas del evento de presentación están mal rotuladas. Hay muestras mal colocadas. Y la presentación digital... ni siquiera está en el idioma correcto.
—Ailén, yo... —empieza a decir una chica rubia de moño apretado y cara de culpable.
—No. No empieces. —Me adelanto, cojeando levemente, pero con el fuego ardiendo en los ojos.
Eros se queda inmóvil a un lado de la puerta, sin interrumpir.
—Te dije CLARAMENTE la semana pasada que revisaras todo. No una vez. Tres. Y esta es la tercera vez que arruinas un evento que costó meses de trabajo. ¿Sabes lo que eso significa?
—Por favor... no fue mi inten—
—¡NO ME IMPORTA! — mi grito rebota en las paredes y provoca que más de uno se congele en seco. — ¡Estás despedida, Vanessa! Y esta vez no hay segunda oportunidad, ni carta de disculpas, ni excusas baratas sobre que "el archivo se envió mal". ¡Vete! ¡AHORA!
La chica se pone blanca. Todos los demás empleados bajan la cabeza. Hay un silencio tan denso que se puede cortar con cuchillo.
Y entonces, aparece Leia por la puerta, junto a los hermanos, que al parecer llegaron con Megan a traerme una mochila que olvidé. Justo a tiempo para presenciar mi explosión.
Leia me observa en shock. Megan se aprieta a su pierna y Alex en la otra.
—¡Fuera! —repito. Vanessa recoge sus cosas temblando y sale casi corriendo del despacho.
Sigo respirando fuerte. Me tiemblan las manos. Me duele el costado.
Y lo peor... siento los ojos de ellos seis puestos en mí. De Leia también.
—Wow... —susurra Eros detrás de mí—. ¿Siempre eres así de intensa en el trabajo?
—No. Solo cuando alguien me hace perder millones.
Silencio.
Y luego la voz suave de Leia acercándose, con Megan en brazos.
—¿Estás bien? —pregunta, aunque ya sabe la respuesta.
—Sí —respondo, bajando la mirada, porque algo en su tono me pincha el corazón.
No me gusta que me vean así.
Furiosa.
Vulnerable.
Imperfecta.
—Yo me encargo de arreglar lo del proyector —dice Adriel acercándose al equipo con una eficiencia casi insultante.
—Y yo hablaré con el resto de los organizadores para calmar las aguas —añade Ander, ya marcando en su móvil.
—Te preparé té en el termo —susurra Eros, colocándolo sobre mi escritorio—. Es de jengibre. Para el dolor.
—Gracias —murmuro.
Leia no dice nada. Solo me mira.
Y yo sé lo que está pensando.
Ella sabe que no suelo explotar.
Y cuando lo hago... es porque estoy al borde.
—¿Quieres que me quede un rato más contigo? —pregunta Leia más tarde, cuando todos ya se han calmado.
—No —respondo. Pero mis ojos dicen otra cosa.
—Entonces me quedaré igual —dice, y se sienta en el sofá de la oficina, como si fuera su casa.
Megan duerme en su regazo.
Y yo... yo dejo que ese maldito nudo en la garganta se disuelva poco a poco.
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Mujeres King
Genç KurguEllas, mejores amigas de la infancia Ellos, hermanos de distintas madres ¿Que pasaría si dos de sus hermanos vinieran un día diciendo que han encontrado a la indicada, a la mujer con la que se casarán? ¿Y si en vez de una fueran dos? Desde hace ya...
