Eros King
Aún puedo sentir sus labios.
El sabor a azúcar, a crema batida y a algo más... algo que no tiene nombre pero que ya es mío.
Ailén.
Nunca imaginé que un beso pudiera tener ese efecto. No uno compartido. No uno que empieza con tensión y termina con necesidad contenida. No uno que sabe a principio.
Después de que Megan y Alex se fueron corriendo al salón, la cocina se quedó en silencio. Y en ese silencio, ella nos eligió.
No lo dijo con palabras. Lo dijo con su cuerpo tembloroso entre los nuestros. Con la forma en que no huyó cuando me acerqué. Con la manera en que dejó que Asher la besara con hambre, mientras yo la acariciaba como quien toca algo sagrado.
Y ahora que estamos los tres de pie, aún respirando agitados, sabiendo que alguien podría entrar en cualquier momento...
Solo pienso una cosa:
No la voy a dejar ir.
No la vamos a dejar ir.
Ella se queda.
Con nosotros.
Conmigo.
Con todos.
La miro. Tiene las mejillas coloradas, los labios hinchados, y esa mirada entre asustada y emocionada que me hace querer encerrarla en mis brazos para siempre.
Asher está a mi lado, pero no dice nada.
Tampoco necesita. Lo siente igual que yo.
—Tenemos que ir con los demás —murmura Ailén al fin, tratando de recomponerse, arreglándose un poco el pelo.
—Sí —responde Asher, carraspeando—. Como si nada hubiera pasado.
Yo sonrío, no puedo evitarlo.
—¿Pero algo pasó, no? —le susurro, rozando con un dedo su cintura. Ella tiembla, pero no se aleja.
—No lo digas —me corta, mirándome con esos ojos verdes brillantes.
Y yo asiento. Porque sé cuándo obedecer. Y cuándo insistir.
Nos lavamos las manos. Nos acomodamos las expresiones. Y salimos juntos. Como si fuéramos solo tres adultos que acaban de decorar cupcakes con niños. Pero entre nosotros ya hay un pacto.
Uno que nadie más sabe.
Uno que no necesita testigos.
Mientras caminamos por el pasillo, Ailén entre nosotros dos, mis pensamientos se desbocan. Me la imagino en esta casa todos los días. Cocinando con Leia. Jugando con Megan. Cuidando de Alex. Riendo con nosotros en las noches de películas.
Despertando a mi lado. A nuestro lado.
La familia que nunca tuvimos.
Y Leia... también está incluida. Lo sé. Lo siento. Ailén la mira como si ya la amara. Y eso me basta para saber que no será solo nuestra. Será de ambas. Y nosotros... de ellas.
Así que cuando llegamos al salón y los veo reír con los cupcakes en la mano, fingimos normalidad. Fingimos que nada ha pasado.
Pero dentro de mí, algo se ha decidido.
Esta es mi casa.
Y ahora también es la suya.
No pienso volver a dejarla ir.
Ni a ella.
Ni a Leia.
Nunca más.
ESTÁS LEYENDO
Mujeres King
Teen FictionEllas, mejores amigas de la infancia Ellos, hermanos de distintas madres ¿Que pasaría si dos de sus hermanos vinieran un día diciendo que han encontrado a la indicada, a la mujer con la que se casarán? ¿Y si en vez de una fueran dos? Desde hace ya...
