Narrador Omnisciente
El hospital es un caos de luces frías y voces apresuradas. Ailén es trasladada de inmediato a urgencias, con Hades y Leia siguiéndola de cerca, negándose a separarse. Megan y Alex han sido llevados a una habitación privada, donde Eros se asegura de que no tengan lesiones mientras los mantiene alejados del bullicio.
—Mami... —Megan llora en los brazos de Alex, ambos acurrucados en una de las camillas. Sus ojos están hinchados por el llanto y su cuerpecito tiembla aún, aunque ya no están en peligro.
Hades, con la ropa aún húmeda y la expresión sombría, entra en la habitación después de asegurarse de que Ailén está estable. Sus pasos son pesados, pero en cuanto los niños lo ven, se lanzan a sus brazos.
—Shh, ya está —murmura, envolviéndolos con fuerza—. No voy a dejar que nadie vuelva a hacerles daño.
Leia y Ares observan la escena desde la puerta, sus rostros reflejando el mismo alivio y agotamiento. Eros suspira, quitándose los guantes después de terminar la revisión.
—Físicamente están bien, pero van a necesitar descanso... y mucha tranquilidad.
Horas después, cuando la adrenalina se disipa y el hospital se sume en su calma nocturna, los niños siguen demasiado asustados para dormir solos. Megan se aferra a Hades como si fuera su único ancla, y Alex no se separa de Leia.
—No quiero estar sola... —murmura Megan, con la voz pequeña.
—Entonces dormimos juntos. — dice Leia cogiéndola en brazos.
Es una idea sencilla, pero efectiva. Sin importar que las camas del hospital sean pequeñas, terminan juntando dos de ellas para hacer espacio. Leia y Hades en los extremos, Megan y Alex en el medio, acurrucados bajo la misma manta.
Por primera vez en toda la noche, los niños logran cerrar los ojos sin miedo.
Cuando Magnus y los chicos los encuentran así, dormidos juntos como un solo refugio, nadie tiene corazón para despertarlos.
Ares cruza los brazos, exhalando con cansancio.
—Después de todo lo que pasó, esto era lo mínimo que necesitaban.
Magnus asiente, apoyado contra la puerta con una mirada calculadora.
—Sí... y también me hace pensar que ese cabrón se metió con las familias equivocadas.
Nadie dice nada, pero el pensamiento es compartido. Lo que pasó esta noche no quedará impune.
Ailén Wilson
Un ardor profundo, punzante, recorre mi pierna izquierda y hace que todo mi cuerpo se sienta pesado. Intento moverme, pero un leve quejido escapa de mis labios antes de que pueda evitarlo.
—Shh... tranquila.
La voz es baja y ronca, como si llevara horas sin usarse. Unas manos cálidas me sostienen con suavidad mientras el colchón a mí lado se hunde levemente. Parpadeo, tratando de aclarar mi visión, y lo primero que veo es un par de ojos oscuros fijos en mí.
Hades.
Luce cansado. Hay una sombra bajo sus ojos, su camisa está arrugada y su cabello está más revuelto de lo que recordaba, como si se hubiera pasado una y otra vez las manos. Pero, a pesar de todo, sus labios se curvan en un gesto aliviado al verme abrir los ojos.
—Por fin... —murmura, soltando un suspiro.
Mi garganta está seca, así que trago saliva con dificultad antes de lograr hablar.
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Mujeres King
Novela JuvenilEllas, mejores amigas de la infancia Ellos, hermanos de distintas madres ¿Que pasaría si dos de sus hermanos vinieran un día diciendo que han encontrado a la indicada, a la mujer con la que se casarán? ¿Y si en vez de una fueran dos? Desde hace ya...
