*CAPITULO 36*

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Para aclarar, se que hasta yo me revolví un poco con esto, pero la escena del barco transcurre al mismo tiempo que el punto retrospectivo del sha Tampsa.

La escena del bosque ocurre al mismo tiempo que la escena de Mahidevran y solo unos pocos días después, pasa la escena de Suleiman.

En pocas palabras Mirihima lleva desaparecida casi tres meses.


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El viaje por carretera fue relativamente corto, terminamos adentrándonos a los restos de un pueblo, casi al tercer día del viaje, la mayoría de las casas y construcciones estaban hechas cenizas y lo que quedaba en pie no eran mas que ruinas, a mis captores poco les importo y lo atravesamos hasta llegar a la entrada de un campamento altamente militarizado, por un momento entraron a revisar mi pequeña celda móvil y al dar el visto me llevaron a una carpa en el centro de todo ese lugar, era la mas grande sin dudas y parecía mas una pequeña casa que una improvisada carpa.

Nuevamente me amarraron las manos y me arrastraron hasta entrar a aquella carpa, el intenso olor a incienso y vino fue lo primero que note, lo segundo fueron los constantes gemidos de una mujer, que salían de la dirección a la que íbamos, no es que sea mojigata, pero espero que no me hayan traído para presenciar tan repugnante acto, suficiente dignidad he perdido para ahora esto.

El guardia que me llevaba ni siquiera se inmuto por los sonidos, el ordeno a los guardias que custodiaban aquella improvisada puerta que le anunciaran al sha que su pedido había llegado.

Uno de ellos entro y los sonidos cesaron, en menos de un parpadeo salió un hombre que se ajustaba distraídamente una bata, dejando expuesto su fornido y sudado torso, aparte la mirada y de inmediato me fije en su cara, era angulosa, como las estatuas griegas de mi segunda vida, sus ojos eran como pozos de alquitrán y su cabello era una maraña de rizos color tierra, debería rondar los treinta y cinco, era guapo, pero no destacaba mucho.

El sujeto que intuía era el sha Tampsa, avanzo emocionado hacia mi, y con el trajo el olor de las actividades que realizaba en el cuarto. ¡asco total ¡

-¡Ya estás aquí por fin¡- grito con voz emocionada, que no encajaba para nada con su imagen, intento abrazarme, pero de inmediato me retire, aunque eso jaloneara mis ataduras y me lastimara

-con todo respeto sha, huele peor que burdel- y eso que esta vida no los conozco mucho.

El no se vio para nada ofendido por mi comentario, y le quito mis ataduras al guardia para jalarme ahora el, rumbo a otra habitación que por pura suerte olía un poco mejor.

-Me emociona por fin conocerte- se reclino perezosamente en un diván y con ello me obligo a bajar también, con un chasquido de dedos, una hermosa muchacha, que solo podría tener mi edad, entro cargando una bandeja con jarra, copas y frutas; lo hubiera pasado por alto si ella no estuviera prácticamente desnuda y llevando una larga cadena que parecía oro, atada al cuello.

El noto mi atención en la chica y sonrió ampliamente, cuando ella estuvo a su lado, con la otra mano libre, jalo la cadena y la hizo acercarse lo suficiente a el, para que ella lo besara, ella lo hizo sin rechistar, como si eso fuera parte de una rutina.

-Se cuentan tantas historias de la única hija de Suleiman- soltó la cadena de oro y la chica se retiró sigilosamente, el concentro toda su atención en mi -Que es la amas allegada de sus hijos, las mas lista, que ella sola derroto a un grupo de veinte hombres que atacaron el carruaje en el que iba- se inclina contra mí, su asqueroso aliento me provoca arcadas, si tuviera algo en el estomago sin dida lo vomitaría -Aunque yo sé que solo fueron siete y que todos tus demás hermanos estaban contigo, aunque recuerdo que una criada y un príncipe salieron heridos ¿No?-

Aprieto mis manos mientras recuerdo aquel incidente, sucedió cuando fuimos a practicar en las barracas, todos mis hermanos iban y Defne salió lastimada al tratar de defenderme. Seguramente el planeo aquel ataque, nunca pudimos encontrar a la mente maestra, solo peones.

Algo de mi coraje debe verse reflejado en mi cara, pues el sostiene fuertemente mis mejillas obligándome a mirarlo directamente a los ojos.

-Se dice que es la mente detrás de muchos logros de Suleiman- Pone distancia entre nosotros ¡Gracias a Allah¡, Y recoge unos papeles de la mesa más cercana -Entonces no me explico ¿Cómo aquella brillante jovencita, callo ante un truco tan evidente? - avienta aquellas cartas contra mi regazo y con solo leer el destinatario, se que son mías, todas las cartas de amor que yo alguna vez le escribí a Nicolo.

-por que soy joven e impresionable- No lo dejo con la palabra en la boca, quiero que sepa que aunque estoy en desventaja y tan arruinada, el sigue siendo la escoria en mi zapato.

Mi contestación parece entretenerle, se ríe sin disimulo y toma de una de las copas que acaban de traer

-No lo creo- me ofrece de aquel vino, pero solo alzo mis manos para mostrarle que están atadas y no puede sostener la copa; y hace algo que no espero, el mismo desata aquel las sogas y pone entre mis dedos el vino.

Vuelve a chasquear los dedos y una nueva chica aparece, esta esta más vestida que la anterior y no lleva ninguna cadena. -ve con ella y date un baño- arruga la cara con mueca de asco -Lo necesitas-

Con su nauseabundo olor no tiene nada que decir, pero sigo a la chica sin objetar, antes de poder retirarnos por completo, escucho su voz nuevamente.

-Preparen la reunión con Suleiman, tengo a su joya-


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Leía la carta entre sus manos, aquella cucaracha decía por fin tener a su hija y estar listo para iniciar las negociaciones para que los otomanos desistieran en su campaña de conquista al territorio safávida y a cambio debían entregar incluso unas partes de su territorio, la parte continental mas cercana a la isla de Crimea; algo que no podrían permitirse, ese era uno de sus mejores puertos y muy cercano a una de sus mejores islas.

Pero el estaba decidido a recuperar a su hija, no era solo una persona que pudiera descartar y olvidar, o sacrificar por el bien del imperio, era su hija, la única que tenía, la que estuvo a su lado sonriéndole o ayudándole con cada problema que tenia en el estado. La hija que siempre le dio su absoluta lealtad y confianza. La que desde el primero momento de cargarla sintió el absoluto amor. Ama a todos sus hijos y jamás a mostrado favoritismo por alguno, pero sin duda, Mirihima guardaba un profundo e importante lugar en su corazón. Ella que era tan inteligente y serena, manejaba los problemas con una habilidad que a el le había costado casi toda su vida.

Mirihima le recordaba mucho a sí mismo.

Y su pequeña joya estaba ahora en manos de esos barbaros, le había paso Allah sabrá que cosas y estaba dispuesto a llegar a un acuerdo, en dado caso que no, siempre estaba la opción de masacrar a todos los otomanos.

Sus hijos varones tenían media luna de haber partido por barco de regreso a Estambul, había enviado a sus mejores hombres para cuidarlos y sus mejores caballos para que llegaran en la mitad del tiempo estimado; con ellos seguros tenia la tranquilidad de que la capital no caería a manos de los malnacidos que planearon todo esto.

-Prepárense para la reunión con el Sha Tampsa-

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⏰ Última actualización: May 02, 2025 ⏰

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