Capítulo 24. +18

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No tenía idea de quién era ese hombre, y claramente no es humano, el aura que desprendía esta persona es muy distinto al de los demás demonios, eso podía sentirlo

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No tenía idea de quién era ese hombre, y claramente no es humano, el aura que desprendía esta persona es muy distinto al de los demás demonios, eso podía sentirlo. No era cualquier sujeto, su sola presencia le causaba impresión, así como intimidación, para aquellos que sabían detectar a una criatura de la noche.

No sabía que hacer, seguía sin moverse y sin dejar de mirarlo, pues esos ojos carmesí que brillan en la oscuridad, continuaban observándola, haciéndole sentirse pequeña ante su penetrante mirada. Tampoco podía formular palabra alguna, es como si estuviera muda en ese momento, deseando en su interior no estar sola justo ahora.

Esperaba que llegara pronto Akaza, kokushibo o su hija, ya que desconocía si este hombre era agresivo o algo similar, temiendo que pueda matarla y devorar su cuerpo, y no quería morir de esa atroz manera y que Sayori encontrara sus restos. Ella no tenía entrenamiento y mucho menos sabía pelear, así que atacarlo de alguna forma no serviría de nada, por lo que supo que no es una buena idea si quiere mantenerse con vida.

Cada segundo que pasaban en silencio, lo sintió como una eternidad, haciendo que sus nervios aumenten. Tuvo que tranquilizar sus pensamientos y hacer un gran esfuerzo por hablar correctamente al elegante masculino que está frente a ella.

 Tuvo que tranquilizar sus pensamientos y hacer un gran esfuerzo por hablar correctamente al elegante masculino que está frente a ella

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—Bu-Buenas noches...— trató de pronunciar lo mejor que pudo, reverenciando con respeto.

—Buenas noches— respondió serio, aún viéndola.

El rey demonio examinaba detalladamente a la joven mujer, sus ojos recorrían su delgado y esbelto cuerpo, y de cada detalle de su anatomía. Observó que vestía un fino kimono de seda, que su piel era tersa, sus ojos son de un lila cristalino, y su cabello negro resaltaba su palidez, sin duda Sayori se parecía mucho a su madre.

Su aroma llenaba sus fosas nasales, emanaba un olor exquisito su pequeño cuerpo, y a decir verdad, no esperaba que la progenitora de su hija adoptiva luciera tan radiante y atractiva, él estaba seguro que la mujer no pasa de los 30 años.

Así que, sin permiso alguno, entró a la enorme casa sin decir nada más, dejando aún más confundida a Himeno. No le prohibió que ingresara a su hogar, sólo se quedó viendo que el demonio comenzó a recorrer cada lugar de la vivienda, por lo tanto, cerró la puerta y permaneció de pie en el recibidor, aguardando a que él termine lo que está haciendo.

El lirio rojoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora