Capítulo 11

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Los ojos de Sayori se fijaban en todo conforme avanzaba, no había duda de que Doma tenía buen gusto, su hogar es rustico y elegante al mismo tiempo

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Los ojos de Sayori se fijaban en todo conforme avanzaba, no había duda de que Doma tenía buen gusto, su hogar es rustico y elegante al mismo tiempo. Sus extensos corredores yacían muy bien decorados y limpios, el poco personal que aún rondaban en los pasillos, terminaban de asear el templo. Algunos de ellos fijaban su mirada en mí, cómo si fuese alguien curioso y extraño, en fin, lo que quería era ver al demonio.

Tras recorrer un par de minutos, el asistente y la joven se detuvieron frente a una lujosa puerta shoji, que estaba apartada del resto de las habitaciones, suponiendo que el hombre que veneraban aguardaba dentro. El trabajador se hizo a un lado brindándole el acceso a la chica, abriendo la corrediza entrada.

—Es aquí— se apartó. —El señor le  espera, señorita— se marchó.

—Gracias— le despidió amable.

Sin más, la chica ingresó al cuarto, estaba oscuro, sólo habían dos faroles que le daban una tenue iluminación a la espaciosa habitación, continuó su camino hasta darse cuenta que unos brillantes ojos multicolor, la observaban desde la parte menos alumbrada. 

—¿Doma?— preguntó alegre al verle sentado en un gran cojín de suelo.

El demonio reconoció su voz de inmediato, sus hermosos ojos se sorprendieron al darse cuenta de quién se trataba, que no evitó sentir felicidad, algo que únicamente ella le ha hacía experimentar cada que la veía.

—¡Sayori, mi amor!— se levantó de su lugar, dirigiéndose a ella. —Me alegra tanto verte, cariño, ¿Qué estás haciendo aquí?

El devora mujeres sin previo aviso abrazó a su protegida, fue tanto que terminó sosteniéndola en sus brazos, ella al igual que él, lo abrazaba con fervor. Doma no se esperaba que Sayori lo visitara, y menos sola, era lo menos importante, se dedicaría a atenderla.

—He venido a verte y...— hizo una pausa. —Porque, quiero hablar contigo— soltó un poco el abrazo para mirarle al rostro.

—¡Claro que sí, mi amor! Soy todo oídos— la bajó. Posó su atención en la chica, mirándola detalladamente de pies a cabeza, a su vista era una belleza, ya no es la niña que conoció hace tiempo, se volvió una hermosa mujer. —Luces increíble, tan bella...— vocablos que provocaron un notorio rubor en la adulada joven.

—No exageres, no es para tanto— le sonrió, todavía sonrojada.

—Es la verdad— acarició la mejilla de Sayori. —Bueno, bienvenida a mi templo, mi hogar es tu hogar— le devolvió la sonrisa. —¿Tienes hambre?

 —¿Tienes hambre?

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El lirio rojoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora