Capítulo 21

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Akira seguía en los brazos de su madre siendo mimado, bajo las miradas de su hermana y los dos demonios

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Akira seguía en los brazos de su madre siendo mimado, bajo las miradas de su hermana y los dos demonios. El joven samurai agradecía internamente haber sido él quien encontró a su familia, y no su despiadado padre, ya que en realidad jamás estuvo de acuerdo en esta intensiva búsqueda, en la cual terminaría en tortura y muerte para ambas mujeres.

—Akira, cariño, ¿Has estado bien?— sujetaba su rostro. Como toda madre, se preocupa por su hijo. —¿No estás lastimado?

—Estoy bien, mamá, no te preocupes...

—¿De verdad, cariño?— pues sabía lo violento que es su esposo.

—Sí, en serio, no debes preocuparte, lo único que importa es que te encontré— veía que su progenitora lo está revisando, a que no tuviera alguna seña de golpes o heridas.

El chico al ya estar más tranquilo, miró detenidamente a esos hombres que no apartaban la vista de él. Observaba que el demonio de rayas azules tenía una expresión de pocos amigos, como si no le agradara su presencia, y el otro, se mostraba siempre sonriente. Aún no se sentía seguro con los devoradores de humanos estando tan cerca, y definitivamente ellos esperaban a que diera un paso en falso para matarlo.

—Mamá, ¿Sabes que esos tipos son demonios?

—Sshh... Sí, lo sé, no lo digas tan abiertamente, nadie aquí en el templo lo sabe— reiteró con seguridad.

—Así es, y más te vale no decir nada al respecto, o ya sabes cómo terminará esto...— mencionó todavía amenazante su hermana.

—Comprendo...— asintió ligeramente.

—Sé que es difícil de asimilar, cariño, pero Doma y Akaza son agradables a como aparentan— dijo la joven madre totalmente tranquila.

Himeno había aprendido a convivir con el poco tiempo que ha estado en compañía de esas criaturas de la noche, a pesar de haber visto anteriormente las atrocidades del rubio.

—Debes tener hambre, hijo, te traeré algo de comer— la esposa del samurai se fue con una sonrisa de alegría, pues ahora sus dos hijos estaban con ella.

—Dormirás aquí con nosotras, hasta saber qué hacer contigo.

Sayori no se confiaría en dejarlo ir, no hasta pensarlo bien. Tenía las pruebas de que su hermano es sincero, pero Muzan siempre le inculcó a no confiar en cualquiera por muy amigable que parezca, y a no dejarse llevar por lo que aparentan. Así que se mantendría con los ojos encima el mayor tiempo posible.

—¡Sí, sí! ¡Y tú dormirás conmigo, mi amor!— Doma aplaudió ante la idea de tenerla en sus brazos toda la noche una vez más.

—¡De ninguna manera voy a permitir eso!— la tercera negó rotundamente. —¡No dejaré que lo hagas, aprovechado!

—Vamos... No te pongas de celoso y tóxico— le sonreía, se divertía haciéndolo enojar cada que puede.

—¡Dije que no! ¡Y no estoy celoso!— claramente lo estaba.

El lirio rojoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora